lunes, 31 de enero de 2011

INTERNET NO ES VERAZ NI MENDAZ



Por Mario Bunge

Montreal

En su tiempo, la telegrafía gozó de mayor prestigio que la palabra hablada, tal vez porque cada palabra trasmitida por cable era costosa. La televisión reemplazó a la telegrafía en la escala de prestigio, quizá porque quien hablaba parecía sacar la cara, aunque de hecho casi siempre sacaba la careta que le
había proporcionado quien pagaba el programa. Hoy día Internet les gana
en credibilidad a los demás medios de comunicación. Confieso que no sé por qué, ya que Internet es un canal neutral, que transmite cuanto se le meta.  
    Por Internet, por la tele y por los periódicos acabamos de enterarnos de la rebelión del pueblo egipcio contra el régimen de Mubarak, acusado de dictador y corrupto. Pero esos mismos medios nos aseguraron durante 30 años que ese régimen era democrático y la única garantía contra los fanáticos de la
Hermandad Islámica, amén de seguridad para Israel.
     Simultáneamente, los mismos medios nos informan que, durante ese período, los EE UU habían estado regalándole a ese régimen una ayuda militar de 1.350 millones de dólares por año, y una asistencia social de 250 millones por año. Pero nunca nos contaron por qué los egipcios necesitaban más armamento que comida.
     Los medios no mosquearon cuando el Presidente Obama, recién galardonado con el Premio Nobel de la Paz, declaró que la guerra en Afganistán era “la buena guerra”, cuando es obvio que la única guerra buena es la que se libra por la supervivencia de un pueblo. Los periodistas tampoco están asediando a la Casa Blanca para preguntarle al Presidente qué consejos o instrucciones piensa darle a su protegido, ni para preguntarle a su Secretaria de Estado si sigue considerando a Mubarak y Sra. como miembros de la familia Clinton. ¡Qué admirable discreción!
     En estos ejemplos se ve claramente que los canales de comunicación son
moral y políticamente neutrales: transmiten tanto mentiras como verdades, y en lo posible ocultan verdades inconvenientes para los poderosos. En este respecto, Internet no es mejor ni peor que otros canales. Pero tiene la virtud única de que, si lo permite la autoridad, da cabida tanto al disidente como al sirviente del orden establecido. Confiere algo parecido a la libertad condicional.
     Esta mayor libertad se debe a que Internet es el más barato, menos censurado y más anónimo de los medios. Como ponía un chiste que me contó José Luis Pardos hace un par de décadas: Un perro, sentado frente a su computadora, le dice a un congénere: “Con esto, nadie sabe que eres un perro”.

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