domingo, 13 de febrero de 2011

Como gestionar el CAOS en que vivimos (III)

El documento inicial sobre cómo gestionar el Caos que propuse hace solo unas semanas está generando multitud de aportaciones y reflexiones que hacen que sea un documento vivo en permanente cambio. Y, lo más importante para mí, está haciendo posible que cada vez seamos más y que que estamos sentado las bases de una plataforma (con los equipos , Norte, Este, Oeste y Centro) sobre la que van convergiendo las ideas y las opiniones. A partir de lo recogió hasta ahora me permito apuntar una nueva versión: Cómo gestionar el CAOS en el que vivimos (Take III)


1º Las constantes amenazas de Moody's y S&P Agencias de calificación de los EE.UU. de rebajar la credibilidad de muchas economías europeas.
2º El aumento de los intereses que deben darse por parte del algunos Estados, en la venta de su Deuda pública a medio y largo plazo.
3º Las abrumadoras tasas de desempleo.
4º El incremento de las controversias en torno a la edad de jubilación y las pensiones.
5º El progresivo incremento de las tasas de inflación.
6º La incapacidad de los poderes constitucionales, legislativo, ejecutivo y judicial, para subvenir a las necesidades de los propios Estados centrales y el de las autonomías.
7º Falta de ideario político, adaptado a las circunstancias del inicio del Siglo XXI.
8º Carencia de líderes políticos, en estos momentos de turbulentos y acelerados cambios en los paradigmas de la convivencia regional, nacional e internacional.
9º Reforma de las Universidades, particularmente en lo que atañe a la colaboración Universidad-Empresa.
10º Falta de agrupaciones de base, con ámbito local y finalidad nacional, para sostener los necesarios apoyos del Estado de las autonomías.
11º Evolución del mundo árabe hacia la democracia.
12º Nueva relación de fuerzas en el Mediterráneo, como consecuencia de la evolución del mundo árabe.
13º La inter-culturalidad y la visión de un mundo de emigración global e inter-cultural: promoción de la Cultura como referentes en tiempos de zozobra y elemento de cohesión social.
14º Crisis en la evolución del Estado de las Autonomías, a los 33 años de su existencia y según fueron creados por la Constitución de 1978
15º Geopolítica energética.
16º Neutralidad en la Red.
17º Cambio climático y sosteni-bilidad del Desarrollo.
18º Redes sociales: fortalecimiento del capital social y regeneración del activismo y la conciencia cívica.
19º Carencia de programas, métodos y sistemas informáticos, a nível institucional, de fácil acceso, eficaz resultado y gestión directa por los administrados.
20º Accesibilidad a la Red de redes.

sábado, 12 de febrero de 2011

Mis conversaciones con Mario Bunge: “La huelga del empleado publico”

Sigo en contacto con mi buen amigo Mario Bunge; es una de mis mayores satisfacciones. "Escuchándole", aunque sea a través del correo electrónico, sigo aprendiendo; me ayuda a entender y a pensar de un modo diferente todo lo que me rodea. La verdad que sus reflexiones sobre la huelga del empleado público me ha hecho reflexionar mucho.

Encomendamos nuestra seguridad, salud, educación y más a empleados públicos ¡Qué enorme responsabilidad asumen éstos! Y ¡qué privilegio el de trabajar para bien de todos! Esa responsabilidad y ese privilegio no son menores que nuestro deber de ciudadanos, de pagar impuestos para retribuir decorosamente esos servicios públicos.

En estos casos, más claramente que en cualesquiera otros, se aplica la consigna de la Primera Internacional de Trabajadores (1864): Ni deberes sin derechos, ni derechos sin deberes.

¡Malditos sean los gobernantes que no lo comprendan! Y ¡desdichados los trabajadores del Estado en huelga que olviden que, al elegir libremente sus profesiones, y al recibir gratuitamente la educación que los ha capacitado para ejercerlas, adquirieron el deber de continuar prestando sus servicios parcialmente mientras no se satisfagan sus exigencias justificadas!

¿Qué puede hacer un sindicato de maestros mientras estén en huelga? Puede recomendar a sus afiliados que lleguen una hora tarde a su escuela, y que pidan a los padres de los niños o jóvenes que los remplacen en el aula durante su ausencia. Esto podrá motivar a los padres a que se solidaricen con los huelguistas. Y evitará que las escuelas privadas medren a costillas de las públicas.

Los médicos o enfermeros en huelga podrán turnarse en los hospitales y clínicas para atender las urgencias y explicar a los enfermos los motivos de tal restricción, así como para pedirles que firmen manifiestos de apoyo a su causa.
Estas medidas podrán frenar la privatización de la sanidad.

En suma, la consigna del trabajador del Estado debiera ser: Trabajar menos mientras siga la huelga, pero seguir acudiendo al trabajo. Y debiera explicarse al contribuyente que los servidores públicos tienen tanto derecho a comer como los empleados de empresas privadas. Y proponer que, si al Estado no le alcanza para pagar bien a sus empleados, deberá reducir ciertos gastos y aumentar ciertos impuestos.

La huelga es la única arma de que disponen los trabajadores para defender sus derechos. Por ser un arma, y por ser la única, la huelga debiera usarse con inteligencia y moderación. Esto lo entendieron los obreros ferroviarios italianos cuando, hace décadas, inventaron la huelga intermitente. A una hora dada todos los trenes italianos se detienen durante una hora, dondequiera que se hallen, y vuelven a ponerse en marcha exactamente una hora después. De esta manera los pasajeros no pierden sus conexiones y sus parientes, empleadores o clientes no son cogidos por sorpresa.

Las huelgas totales de empleados del Estado puede tener consecuencias políticas inesperadas desastrosas. Hace tres décadas, cuando los empleados municipales británicos se declararon en huelga y dejaron de prestar ciertos servicios públicos, tales como la recolección de residuos, el electorado castigó a los sindicatos: eligió al gobierno de Thatcher, el más retrógrado que había tenido el país en más de un siglo.

El resultado neto fue que fueron recortados los servicios públicos, a consecuencia de lo cual el nivel de la educación bajó, subió la tasa de morbilidad, los sindicatos se debilitaron, y la desigualdad de ingresos aumentó. Los gobiernos que siguieron al de la Dama de Hierro no lograron parar el descenso social del Reino Unido, que hoy está casi al nivel de los EE UU. Y todo porque unos dirigentes sindicales británicos no supieron usar el derecho de huelga con responsabilidad e inteligencia.

Moraleja: Los trabajadores estatales debieran tener siempre presente que el servicio público tiene componentes morales y políticos ajenos al mercado. Los contribuyentes pagarán sus impuestos sin rezongar demasiado siempre que esa erogación sea vista como una inversión en la seguridad, la sanidad y la educación. El que esto ocurra depende tanto del Estado como de sus empleados.

Mario Bunge (febrero 2011)
McGill University, Montreal, Canada