lunes, 12 de marzo de 2012

"Primer Manifiesto de la Suprema Junta Gubernativa del Reino a la Nación Española" de octubre/noviembre del 1808

    Parte 3º siguiendo, mas o menos, el texto original.

            Después de lo que hemos dicho anteriormente, en el post de ayer, y especialmente de mi promesa de que continuaba hoy, he aquí una serie de reflexiones, que creo introducen, de manera muy directa y positiva, al ambiente que la Suprema Junta Gubernativa va creando, en todas las Provincias y sobre todo en la Nación española, en unos momentos de "crisis nacional" como nunca se habían visto, desde las complejas épocas, quizás las mas difíciles de la conquista del territorio nacional, iniciada en el Principado de Asturias.... hasta la punta sur de Tarifa. Fueron, en aquella ocasión, casi LCCC largos años de convivencia, de luchas, de conquistas y de reconquistas. Trátase, en nuestro caso del analisis que hacemos de los inicios del Siglo XIX, de casi VIII penosos años, de instauración de una Monarquía de raza no borbónica y de tradición "espurea" (con Jose I Bonaparte) y que acaban, o mejor dicho comienzan, con los desaguisados, los entuertos y los contradictorios años del reinado, o mejor de los dos reinados de Fernando VII, cuyo primer momento (en el que, precisamente por carta del 28 de marzo de 1808, exculpó y sobreseyo, totalmente, el proceso contra Floridablanca, urdido por los anteriores Monarcas y por Godoy. 

            Estos tristísimos acontecimientos, (segunda vez en la Historia de España, que un Rey era destronado por su hijo, como lo fue solo en el caso de Alfonso X el Sabio por su hijo Sancho IV) se conocen, como el Motín de Aranjuez, en los que el pueblo, el 17 de marzo, e instigados por los partidarios de Fernando, asaltaron el Palacio de Godoy y Carlos IV se vio obligado a abdicar en su hijo (quien casi ficticiamente fue proclamado como Rey en Aranjuez, tras el citado complot contra el Principe de la Paz y del que "por milagro" salvó la vida también Carlos IV, intentando preservar también la vida de su "favorito"). Fernando VII volvió a la Corte, donde fue aclamado por el pueblo de Madrid, pero con fecha 20 de abril pasó la frontera "invitado" por Napoleón en Bayona,  a donde iba con la esperanza de que Napoleón le reconociera "definitivamente" como Rey de España, pero donde se terminó esta muy corta primera parte de su reinado, que acaba tan tristemente, como triste fue su ficticia proclamación, al exigirle Napoleón anular su aceptación del trono, dado que se había hecho por la "fuerza" en Aranjuez, y a su vez, obligó a Carlos IV a entregarle el Trono a su hermano José, dándole garantías de seguir "asilado" en Francia, a él, a su mujer y a su "valido" y cuando llegaron a Bayona las noticias del 2 de mayo en Madrid, el 6 de mayo de 1808, Fernando VII aceptó dejar el trono de España y pasar a una Corte ficticia, montada por Napoleón en el Castillo de Valençay, propiedad de Talleyrand antiguo obispo y Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón, en cuya "ficticia" Corte vivió mas de cuatro años.

            Pero analicemos, un poco mas, los acontecimientos y como se llevaron a efecto en las  Españas de aquellos días finales del 1808. Se trata de datos muy importantes y a tener muy en cuenta, si queremos tratar con cierta perspectiva de pasado y previsión de futuro, el contenido y la importancia, indudable y transcendental, de la Constitución de 19 de marzo de 1812 y que fue formulada por las Cortes, reunidas en Cádiz, en un ambiente de "sitio y de acorralamiento", en el que se encontraban los compromisarios "iluminados" por la Ilustración, de cuyo movimiento, el Conde de Floridablanca, junto a los Condes de Campomanes y de Aranda, así como con Melchor Gaspar de Jovellanos (dos asturianos, un murciano y un aragonés) periféricos todos, pero españoles de "pura cepa", que son los que ponen en funcionamiento, la Modernización de las Españas, que llega a su culmen con la redacción de los 384 Artículos, unos de impresionante actualidad, otros exactamente lo que las Españas necesitaban en aquellos históricos y trágicos momentos y otros, finalmente, no tan substanciales pero provocadores de muchas "disputas" que aparte de lo que hemos dicho de los dos Reinados de Fernando VII....ya trataremos en su momento.

            Ahora bien, sigamos con este PRIMER MANIFIESTO (pena que Floridablanca no durara mas.... aunque solo fuera.... para esbozar el SEGUNDO, (pero desgraciadamente ¡así fue!... y ...así ¡nos fue también!) que lleva en si y lo afirmamos tajantemente, todos los gérmenes importantes del liberalismo de que se hizo gala en España, en Europa y en el Mundo, con motivo de la magna Carta, popular y universal de Cádiz de 1812. Veámoslo en sus "antecedentes" que, repito, hay que seguir conociéndolos en este PRIMER MANIFIESTO y especialmente en los puntos que señalamos a continuación:

            1º La situación de las Españas, de aquellas postrimerías del año 1808 "era un caso único en los anales de nuestra historia - como muy bien señala y hasta casi redacta el Conde - imprevisto en nuestras leyes (y él se conocía "al dedillo" todas las Leyes y hasta las de las Partidas) y casi ajeno de nuestras costumbres.

            2º Y por ello, por esa situación tan "anormal" en nuestra historia, nuestras leyes y nuestras costumbres, se tuvo que dar una dirección á la fuerza pública, que correspondiese a la voluntad y a los sacrificios del pueblo, porque hay que reconocer que a pesar de las previsiones del Conde de Floridablanca, que tanto las había meditado en su Convento del Plano de San Francisco en Murcia, desde las importantes Cortes Generales de 1789, que gobernó él mismo, como Jefe de la Junta Suprema, pero que hizo presidir a su intimo amigo y reformador también y en grado máximo, el Conde de Campomanes, repito que esta necesidad creó las juntas supremas en las provincias, véase la que él mismo creó, de inmediato, en la villa de Murcia al día siguiente, el 25 de mayo de 1808, de conocerse por la Posta de Cartagena, los sucesos de Madrid del 2 de mayo, y que insiste en formar un gobierno central, cuando textualmente se dice en el Primer Manifiesto que resumieron en sí toda la autoridad, para alejar el peligro, repeliendo al enemigo y para conservar la tranquilidad interior

            3º Pero hay que tener muy en cuenta, para comprender todo este importantísimo sentido introductor a la Convocatoria y el desarrollo de las Cortes de Cádiz de 1810, lo que se sigue diciendo en el ya tan citado Primer Manifiesto (pero nos parece esencial que se conocido por todos los comentaristas de la Constitución de Cádiz) cuando se dice que, cual hayan sido sus esfuerzos, cual el desempeño del encargo que les confirió el pueblo; y cual el reconocimiento que la nación les debe, lo que sin duda es una directa alusión, velada, pero muy bien madurada y explicitada de que la soberanía reside en el pueblo. Es lo que en esos momentos se acababa de decir en la Revolución francesa, coetánea de nuestras Cortes Generales, celebradas en el Real Sitio del Palacio del Buen Retiro, en 1789, y mas aun en el propio texto de la gran Constitución de Cádiz de 1812 a la que estamos dedicando los últimos posts de este blog.  

            4º Finalmente, hay que añadir una especial consideración al texto que sigue del Primer Manifiesto a la Nación Española, cuando se reconoce en alto grado al observar los campos de batalla, cubiertos de cadáveres franceses, sus insignias militares, que sirven de trofeos en nuestros templos, la vida y la indepdnencia conservadas a la mayor parte de los magistrados del reino, y los aplausos de tantos millares de almas, que les deben su libertad y su venganza. Aqui tenemos, sin duda de ninguna clase, no solo la primera de las definiciones posteriores, de nuestras guerras y guerrillas (termino adoptado universalmente desde este Primer Manifiesto) para la Independencia, tema que nunca se había planteado en ningún momento de la historia general de las Españas.

            5º Hay otro tema que interesa muy especialmente a nuestro Conde murciano. Se trata de las comunicaciones, asunto que le fue conferido en el mismo momento de jurar su cargo el día 21 de febrero de 1777 y cuando, en ese mismo mes, se le nombra Superintendente General de Correos terrestres y marítimos y de las Postas y Rentas de la Estafeta en España, y las Indias, así como en los Mares del Sur. Tema vital este de las Comunicaciones, para un Imperio que tiene la mayor superficie de los conocidos (mas de 17 millones de Kms2) pero muy vital también en momentos en los que, en cuanto la capital se vio libre de enemigos, y la comunicación con las provincias fue restablecida, la autoridad, dividida en tantos puntos cuantas eran las juntas provisionales, debería reunirse en un centro, desde donde obrase con toda la actividad y fuerza necesarias. Es obvio que el concepto de la Centralidad de las Juntas, fue ideado, meditado y previsto, desde uno de los primeros párrafos de este primer manifiesto a la nación española.

            6º Y se añade lacónica, pero muy eficazmente, el concepto de la soberanía popular - que en ausencia del Monarca, se dice con completa rotundidad - al decirse en el importante y muy citado Primer Manifiesto de la Suprema Junta Gubernativa del Reino a las Nación Española que, Tal fue el voto de la opinión pública, y tal el partido que al instante adoptaron las provincias. No se puede decir, ni mejor, ni mas breve y mas eficazmente.

            7º Por el momento, creo que está quedando diáfanamente claro que este Primer Manifiesto, recoge en su estilo, en su forma, pero sobretodo en su fondo, la mayoría de los conceptos que la Convocatoria de Juntas para las Cortes Generales, hicieron en su momento, y que cuando llegue y haya lugar, nosotros los analizaremos con el detalle que merecen, para que quede bien grabado, en nuestra mente y en nuestro ser de españoles, este PRIMER MANIFIESTO DE LA SUPREA JUNTA GUBERNATIVA DEL REINO A LA NACION ESPAÑOLA, para conocer mejor esta especie de antesala para "gestación" del Movimiento Liberal Español, copiado en casi todo el mundo, y que fue consecuencia, muy directa, de nuestra Ilustración y de las Reformas, llevadas a cabo en España, en las Indias y en los Dominios de los Mares del Sur, desde la mitad del Siglo XVIII...especialmente por un gran ilustrado del Reino de Murcia.

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