jueves, 1 de enero de 2009

Parte IV.- Historia del Cardenal D. Gil de Albornoz, creador del Colegio de España en Bolonia: breve "riasunto" de su Legación en el Reino de Sicilia; viaje del Papa Urbano V a Roma y muerte del Cardenal.


    El papa no accedió a la petición de Albornoz de volver a Aviñón y el 13 de abril de 1364 le comunicó su decisión de mandarle como legado al reino de Sicilia, tanto del reino de Nápoles como de las isla de Sicilia, gobernada por una dinastía catalana. Albornoz aceptó finalmente ese cargo en julio de 1364 pero con una carta de 30 de enero de 1365 el pontifice se apresuró a colmar de alabanzas al cardenal por su labor en pro de la Iglesia; le aseguró que no creía ninguna actuación en contra suya y le recordaba que "todas las personas que habían hecho grandes cosas habían sido objeto de calumnias" y le rogaba que continuara en Italia, donde era necesario.

    El papa consiguió el objetivo y Albornoz se quedó en Italia y para agosto de 1365 había ya entrado en Nápoles. Se detuvo en Ascoli y la ciudad fue reorganizada y sometida a la Iglesia y en septiembre continuó su marcha y fue acogido en Aversa por la reina Juana y su esposo Jaíme de Mallorca. Tenía que llevar a cabo diversas tareas: Reorganizar el matrimonio real, puesto que Jaíme quería tener mayor papel en el gobierno y la reina no quería darselo; Reducir a los barones revoltosos;Ordenar las finanzas en un territorio destuido por las campañias mercenarias y una administración y gobiernos poco prudentes.

    La estancia del cardenal en Aversa fue muy productiva: indujo al principe consorte a salir del reino y ponerse al servicio de Enrique de Trástamara, que luchaba por el trono castellano y la reina, para obtener el favor del cardenal, concedió a su sobriono Gómez de Albornoz, que se había quedado sin el vicariato de Bolonia, unos cargos que le daban buen poder en el reino: capitán general de justicia y regente de la Curia del vicariato de Nápoles.

    Pero la estancia del caardenal Albornoz en Nápoles no fue muy larga. Para la primavera de 1366 supo que la Compañía de Giovanni Acuto había salido de su acantonamiento de Pisa y se dirigía hacia el Patrimonio, amenzando Roma. Por ello, con la debida autorización del papa, salió a principios de junio hacia Roma. Pero Bernabó Visconti había organizado una Compañía que llamaba "San Jorge". Florencia, Siena y Perugia pagaron importantes cantidades para no ser molestados por ella, en cinco años. El papa envió una "maldición" contra la Compañía el 13 de abril de 1366 y dió a entender que su paciencia se había agotado.

    En aquellos momentos el papa anunció su viaje a Italia. Es posible que Gómez de Albornoz, enviado a la corte papal por la reina Juana de Nápoles, en junio y julio de 1366, le informara de la factibilidad del viaje, puesto que en Roma había tranquilidad y los territorios de la Iglesia habían sido recuperados y la paz con Bernabó Visconti era vigente. El papa anunció públicamente su viaje en el consistorio celebrado el 20 de julio de 1365.

    Ante la noticia de la próxima llegada del papa, el cardenal Albornoz ordenó preparar su alojamiento en la fortaleza de Viterbo, en una breve estancia antes de su ingreso en Roma, y procuró dar seguridad en los caminos, venciendo los ultimos núcleos de resistencia y ocupando Asis, Novcera y Gualda. Pero por otra parte Giovannie Acuto, con su citada Compañia de San Jorge, la mas numerosa, acampó junto a Orvieto e intentó apoderarse de la ciudad. Albornoz reunió todas sus milicias y le derrotó el 22 de septiembre de 1366.

    El papa salió de Aviñón el 30 de abril de 1367, acompañado por siete cardenales Naves de Genova, Pisa, Nápoles, Ancona y los caballeros de Rodas fueron a Marsella para llevarle a Italia formando una flota de una 60 galeras, el papa Urbano V tocó en Genova y en Pisa y finamente llegó a Corneto el 4 de junio de 1367. Albornoz le recibió allí y le acompañó hasta Viterbo el 9 de junio de 1367, donde se le reunieron cardenales franceses que habían acudido por via terrestre.

  Segun cuentan las cronicas, el papa pidió nuevamente a Albornoz las cuentas de su administración y Albornos le presentó un carro con las llaves de todas las ciudades y castillos sometidos, diciendo que aquellas eran sus cuentas. Hay que señalar que Bernabó Visconti, no acudió al recibimiento del papa ni envió embajadores. Muchos otros señores lombardos si estuvieron.

    X. Muerte del Cardenal Albornoz.

    Inoportunamente, el cardenal Albornoz contrajo una grave enfermedad, cuando se encontraba cerca de Viterbo para atender los detalles del viaje del papa y murió la vispera de dictar su importante Codicilo el 23 de agosto de 1367, a los 65 aproximados de edad. Probablemente la enfermedad que le causó la muerte fue la malaria, endémica en la zona costera cerca a Roma, muy pantanosa. Su sobrino Fernando anotó los detalles del fallecimiento en un libro de Derecho de los que usaba.


    La biografia que estamos siguieno de Juan Ginés de Sepúlveda, entre otras muchas, comete una grave equivocación en la fecha de la muerte del cardenal Albornoz, que situa en 1364, confundiéndose con la del Testamento (quizás por lo IMPORTANTE que es y que iba a ser, casi como su fallecimiento). El cuerpo del cardenal Albornoz fue llevado a Asís, como él había dispuesto, y fue sepultado en la capilla de Santa Catalina, que él habia mandado construir.

    De todos modos, la edición de la traducción castellana de la obra de Sepúlveda de 1566 concluia con el Testamento de Albornoz, que incluía la licencia para testar y disponer libremente de sus bienes, que le había concedido Inocencio VI y con un resumen de los Estatuos del Colegio de los Españoles de Bolonia. El cardenal Albornoz había dictado su testamento en Ancona el 29 de septiembre de 1364 cuando quería dejar el cargo de legado. Nombró sus albaceas a Enrico da Sezze, obispo de Brescia, su auditor durante muchos años, Buongiovanni, obispo de Fermo, Alfonso Martínez, tesorero, Nicoli Spinello y Giovannie da Siena, juristas y además al cardenal Nicoló Capocci y Pierre Roger de Belfort, el futuro Gregorio XI, Gugliemo d'Agrifolio, Angelico Grimoard, obispo de Aviñón, después cardenal, hermano de Urbano V. Además sus sobrinos Gómez y Fernando, su pariente Lope, arzobispo de Zragoza, Gómez, arzobispo de Toledo y Martín Fernández, deán de la catedral de Cuenca.

    Todos tuvieron un trabajo ingente porque el patrimonio del cardenal Albornoz estaba disperso por varios países.

    Aparte de numerosisimos legados patra su familia, colaboradores y servidores, para dotes de doncellas pobres de la diócesis de Toledo y Cuenca, para rescate de cautivos, para la diócesis de Cuenca y Toledo, para las iglesias de San Clemente y de Santa Sabina, titulares sucesivamente de su cardenalato y para diversas iglesias y conventos de Italia, destinó la mayor parte de sus bienes como heredero universal, al Colegio para estudiantes españoles que había decidido fundar en Bolonia bajo la advocación de San Clemente.

    El cardenal dispuso que si moría en Italia, fuese enterrado en Asis, pero cuando cesase la ira del rey de Castilla, contra su familia, quería que sus huesos fuesen transportados a la catedral de Toledo, y depositados en un sarcófago adecuado en la capilla de S. Ildefonso.

    En 1372, consolidado Enrique de Trastamara como rey de Castilla, se dieron las circunstancias para trasladar el cuerpo del cardenal desde Asis a Toledo. Gregorio XI concedió indugencia plenaria, como para jubileo, a los que ayudasen a llevar el feretro en cuqlquier recorrido. Fue llevado por Italia, por Provenza etc. en lenta procesión. Le acompañaba su sobrino Fernando, quien dejó definitivamente Italia para pasar al arzobispado de Sevilla. Según Sepúlveda el rey Enrique también quiso llevar el ataud.

    La obra llevada a cabo por el cardenal Albornoz en Italia hubiera necesitado algunos años mas para asentarse. Urbano V volvió a Aviñón en 1370, al resurgir la lucha de facciones y las revueltas. Gómez de Albornoz permaneció en Italia, primero como rector del Patrimonio desde 1368 y despúes como rector del ducado de Spoleto, desde 1371, para substituir a Blasco Fernández de Belvis, asesinado aquel año; Gómez de Albornoz continuó algunos aspectos  de la obra del cardenal de Albornoz, al menos los militares; a él se debió la ocupación de Perugia en 1370 y la preparación de la vuelta a Roma del papa Gregorio XI. La definitiva devolucion del Papado a Roma en 1377 no habría sido posible sin la recuperación de los estados de la Iglesia acometidos por Albornoz y continuada por su sobrino.

    La sumisión que le confió la Santa Sede hizo del cardenal Albornoz un hombre experto en las batallas, pero ello no debe hacer olvidar que fue también un gran legislador y un excelente reformador del gobierno y de la administración de las provincias exceleiásticas, donde procuró establecer un equilibrio de poderes y dio oportunidades a clases medias urbanas para intervenir en la vida muncipal.

   Sin embargo aquello que ha llegado hasta nuestros dìas fue su legado, el Colegio de los Españoles en Bolonia, una de las pocas instituciones medievales privadas que han llegado plenamente operantes hasta nuestros días.

   Laus Deo et historia Lumen gentium, Tempora et Magister vitae

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