martes, 6 de enero de 2015

Honda preocupación por el contenido del Artículo de Miguel Angel Aguilar, en El País del pasado día 16, en su p.18 cuando dice lo que ocurrió en aquella "unforgetable/unforgivable" cena de la Asociación Cardenal Albornoz, del pasado 21 de noviembre.

Celebrando, el 13 de diciembre pasado, la excelente recuperación y la esplendida  Conferencia tras la concesión del "Premio Pelayo" al mejor jurista español, a nuestro Colegial Bolonio,  Manuel Olivencia Ruiz y en la foto, tras la Confeencia, junto a nuestro Rector Evelio Verdera y Tuells, su hija Carmen y mi Merceditas, se encuentrta nuestro compañero diplomático tambien Santiago Martínez-Lage.

Miguel Ángel Aguilar.          El País, 16.12.2014                                                        
                                            

           Los ‘bolonios’, revueltos

El Real Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia, fue fundado en 1364 por el cardenal don Gil de Albornoz, Arzobispo de Toledo, quien hizo heredera de sus bienes a una Domus Hispanica donde se acogía y sustentaba a los compatriotas atraídos por la fama de aquella Universidad, especialmente los estudios de Derecho. Es pieza única, superviviente de las Desamortizaciones del siglo XIX, que acabaron con el patrimonio universitario, y se sostiene sin ayudas públicas. 
A lo largo de 650 años cerca de dos mil becarios –los bolonios- han residido en el Colegio para cursar sus estudios. Entre los antiguos más ilustres, figuran humanistas como Antonio de Nebrija, Juan Ginés de Sepúlveda o Lope de Gómara; en tiempos más cercanos salieron del Colegio notables políticos como Juan de la Cierva o el conde de Romanones. Entre los contemporáneos, son legión los catedráticos universitarios, especialmente de Derecho, pero también de otras facultades, los políticos, incluidos dos ex vicepresidentes del Gobierno, los diplomáticos y los magistrados. 
A comienzos del siglo XX al Colegio lo sacó del abandono don Joaquín de Arteaga, duque del Infantado y cabeza de la familia Albornoz, a la que el Cardenal había encomendado su fundación. Contó para ello con Romanones, quien dictó en 1919 el Reglamento por el que se rige como “fundación privada”. Al Rector del Colegio, José Guillermo García-Valdecasas, ejerciente desde 1978, se lo reconoce como impulsor de la restauración del edificio y de la adaptación de los estudios al nuevo “Dottorato di ricerca”, implantado en la Universidad italiana. 
Esta primavera, después de 36 años, renunció ante la Junta de patronato, compuesta por: el duque del Infantado, como Presidente y Patrono de sangre; el Arzobispo de Toledo, el duque de Soria, antiguo colegial, en representación del Su Majestad; la directora general de Relaciones Culturales; el representante de los antiguos colegiales Fernando Suárez González, elegido hace doce años; y, por antigua costumbre, el Decano de los colegiales, el embajador Raimundo Bassols. 
La Junta solicitó al Rector saliente una terna de candidatos para sucederle. Ninguno fue considerado idóneo y se propuso a otro colegial, catedrático de Derecho. Indignado Valdecasas, promovió una carta de colegiales al duque quien, arrogándose atribuciones discutibles, anuló los acuerdos de la Junta, excluyó de la misma al Decano y al representante de los colegiales y, alegando razones de salud, resignó sus atribuciones en el antiguo colegial Jorge Rodríguez-Zapata, Magistrado del Tribunal Supremo, y encargó al dimisionario Valdecasas que siguiera al frente del Colegio.
Llegada la festividad de su patrono San Clemente el 21 de noviembre, Zapata presidió la Asamblea anual de Colegiales donde, fuera del Orden del Día, los de Valdecasas eligieron como representante en la Junta a José M. Sánchez, catedrático de Derecho Canónico. El electo resultó ser uno de los firmantes del extravagante “dictamen” de la manufactura Valdecasas, que califica al Colegio de “fundación eclesiástica” y propugna su sometimiento a esa jurisdicción, en tanto que el regio patronazgo, otorgado por Carlos V al Colegio, queda reducido a un gesto de “regalismo” destinado a usurpar su gobierno y posesión, en concordancia con las acusaciones al embajador en Roma, Javier Elorza de intentarlo, formuladas por dimisionario. Mucha “marca España” pero permanecemos impasibles mientras se consuma el desastre de la excelencia.   

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