lunes, 16 de marzo de 2015

Parte III: Encuentros y confidencias, en el Colegio cardenalicio de Avignon, de Ètienne Aubert, cardenal obispo de Ostia y Veletri y futuro papa Inocencio VI, con Gil Álvarez de Albornoz y Luna, cardenal presbitero de San Clemente y futuro Obispo de Sabina-Poggio Mirteto además de Legado pontificio en Italia.(9)


  Es muy preciso, llegado este momento en el desarrollo de nuestra "historia particular" del cardenal presbitero de San Clemente, y Obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, que tengamos el tiempo suficiente y la pertinente información para poder esclarecer y reunir, la intima, profunda y eficaz relación humana, eclesiastica, cardenalicia y espiritual que le une al cardenal los dos personajes, sobretodo con el cardenal de Ostia y Veletri, Étienne Aubert, al cabo de unos dos años de convivencia en el Colegio cardenalicio, elegido como Inocencio VI, del que tendremos, o mejor de los que tendremos que señalar y detallar muchos acontecimientos de importancia capital en la historia de la iglesia, por dentro y por fuera: territorial y espiritual.

   Pero en el intermedio hay un movimiento clerical que aviva, empuja y anima al traslado del papado de Avignon a Roma, y que se refleja y se recoge en variaas pinturas de las que vamos a reproducir solo una de ellas, con mucha fuerza y con mucho contenido, pués se trata de la fuerza y la fucnión de la mujer, ya en aquellos tiempos de la Iglesia:
 
     El freco reproduce a dos monjas clarisas, una de ellas, la mas carismatica, Santa Catalina Benicasa de Siena, que llegan hasta el papa y sus cardenales, para exponerles su firme versión, iluminada y trascendente, de que debe producirse cuanto antes la vuelta a Roma del Papado. Estamos ante una santa dominica, que fallece muy joven, a los 33 años, pero que fue predicadora, mistica y escritora y contribuyó decisivamente al regreso del papado a Roma, tras el exilio de Avignon. Como dato fue la hija nº 24 de 25 hermanas. Su familia era de clase media-baja, fontaneros esencialmente. Muy joven se consagró a la mortificación. Fue dominica de la orden tercera a los 18 años. Es Doctora de la Iglesia, después de Santa Teresa de Jesús y antes de Santa Teresita del Niño Jesús.

   Otra mujer tuvo mucho que ver con la estancia de los papas en Roma y en Avignon. Se trata de Santa Brigida de Suecia muy emparentada con la nobleza, y que nacida en torno al 1303, falleció en 1373, después de una vida llena de visiones, y siendo también una religiosa católica, mística, teóloga y escritora. Ocurre, en su momento, que Urvano V, que vuelve a Roma en 1368, tas la muerte de INocencio VI, y es recibido en Italia por el cardenal Albornoz, pero que tras fallecer Albornoz, el papa, por motivos de seguridad, tomó la decisión de volver a Avignon, situación con la que no estuvo en absoluto de acuerdo Santa Brigida, quien porfetizó al papa que recibiría un fuerte golpe de Dios, y cuando Urbano V solo lleveba dos meses de residencia en Avignon, le ocurrió el fallecimiento.

   Con independencia de la intervención directa y dura de estas dos monjas Santa Catalina y Santa Brigida, el tema de la vuelta a Roma, se había convertido, desde la llegada de don Gil y de Étienne Aubert al colegio cardenalicio, en un tema clave, esencial al pontificado, y sobre el que se mantendrian posiciones muy encontradas, especialmente entre el grupo mas duro de cardenales Franceses, como tendremos ocasión de analizar mas adelante.  

   De hecho el ambiente de vuelta a Roma se iba caldeando paulatina pero firmemente. La llegada de don Gil a aquel Colegio cardenalicio fue todo un sintoma, pués el cardenal de españa, dejaba un país tambien en guerra civil, y sabía, pero que muy bien lo que pasaba en la Roma y tantos territorios usurpados y en manos de bandidos y de traidores.

  Don Gil, como hemos dicho antes, no viene solo a Avignon. Le acompañan sus familiares mas intimos y sus amigos mas fieles, tales como el arcediano de Valderas, Juan Fernánbdez, el abad de SAnta leocadioa de Toledo, Juan Rodriguez de Cisneros y el arcediano de Alcaraz, Velasco Alfonso. (Todos ellos son citados en el testimonio de la carta por la que don Pedro el Cruel reclamaba la posesi´pon de Paracuellos.

   Pero hay dos temas que debemos citar, antes de cerrar este post, bien a nuestro pesar, se trata de los grandes conocimientos canonistas y civilistas de nuestro don Gil Álvarez de Albornoz y Luna. Los mismos que en mayor grado, mas los adquiridos en el ejericcio de la abogacia y de la magistratura,  tenía su maestro de Toulousse y compañero de Colegio cardenalicio, Étienne Aubert, para mi los grandes artifices del inicio de la vuelta a Roma del papado y ambos se entendían muy bien en latín y sobretodo hablaban además, como con tantos otros cardenales franceses, en una perfecta lengua francesa, con acento de Toulouse, en donde no solo estudió don Gil, sino en donde vivió casi mas de diez años.

  Una última imagen de algunos purpurados, que se encuentra facilmente en la siguiente fotografia. En ella donde no hay papas, hay cardenales, y sus poses y pases son extraordinariamente expresivos.

Repito que en esta foto de estos "eminentes" cuadros donde no les hay ya papas, es porque todavía son cardenales, pero el poder y las "poses" adjuntas, demuestran como se iba abriendo, en el seno de un colegio cardenalicio, con nada mas que dos italianos y un español, la idea de la vuelta a Roma.

   Solo hará falta que Étienne Aubert sea ascendido a la silla de San Pedro y que se vayan realizando y concretando las multiples conversaciones entre el cardenal español y el papa de Roma.

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