domingo, 29 de marzo de 2015

Parte III. 1364 el año clave en la vida y las obras del Cardenal Albornoz. 2ª Parte de la Conferencia del colegial don Primo Bertrán Rogié, sobre "El Testamento del cardenal Albornoz (29.IX.1364)" (19).

Capilla de San Ildefonso, en la catedral de Toledo, de la que fue arzobipo primado de España, desde 1339 a 1350 y en cuyo túmulo reposan los huesos de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina y cardenal présbitero de San Clemente, y el centro del espíritu actual de un "visionario" del siglo XIV, cuya visión contenida, esencialmente,  en su Testamento, sigue vigente en el día de hoy y que hay que continuar..... per sempre ¡amén alleluia!

  Proseguimos con la Parte IIª de la Conferencia del Prof. Primo Bertrán Rogié, colegial albornociano en la promoción de 1975-1976 y hoy en la cercanía, muy espíritual y real, con nuestro Fundador, tras su fallecimiento, durante el sueño, en la noche del 27 de diciembre del pasado 2014.
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   Claro que Don Gil no habría podido prever un cortejo tan grandioso. Pero si dispone que en su traslado y túmulo "no haya exceso en las vestiduras de mis familiares, ni en paños de oro y demás cosas". Y que asistan los capellanes - a quienes llama "mis compañeros" -, sus donceles, los clérigos y servidores de su capilla, oficiales, palafreneros y pajes que entonces estuviesen con él en Italia. Cada uno de ellos sería gratificado conforme su calidad y función. También los frailes de las órdenes mendicantes que lo acompañaran; y hasta dos mil pobres recibirían "de comer y vestir de paño grueso de lana o de lino". Consta al detalle como Fernando Álvarez lo cumplió comprando paños de lana en Espoleto para confeccionar capas y distribuirlas entre los pobres hasta enero de 1368, meses después de enterrado su tío el Cardenal. También a los pobres de Aviñon alcanzarían las limosnas.

   Don Gil dispone que se celebren en sufragio de su alma cincuenta mil misas. Es otra forma de distribuir ayudas entre clérigos menesterosos, especialmente los de las órdenes mendicantes. 35.000 se celebrarán en Italia, 10.000 en Aviñón y 5.000 en España, repartidas entre Zaragoza y Cuenca. Cien doncellas de esta diocésis y la de Toledo recibirán en dote para casarse trescientos maravedís cada una; otros treinta mil maravedís los lega para rescate de cristianos cautivos en tierra de moros....Pero sería interminable mencionar todas las disposiciones caritativas del testamento albornociano.

   Más interés tiene para nostros cuando lega a dos catedrales esapñolas. A la de Cuenca, sobre restituirle dos libros que tenía en préstamo, Don Gil le dona sus molinos hidráulicos en el valle del Júcar, un importante busto de plata con reliquias de san Blas y el mejor de sus pluviales - calificado de opus anglicum -; también una dehesa, paramentos litúrgicos y un caliz, pero adscritos a la capilla familiar de Los Caballeros "donde están enterrados mis padres", precisa don Gil.

   La de Toloedo, primada de España, recibirá de su antiguo arzobispo la dotación de seis capellanías perpetuas, asignadas a la mensa capitualr, dos imágenes de plata de procedencia italiana, una de san Eugenio y otra de san Ildefonso, santos y predecesores suyos en la mitra toledana, y que afortunadamente se conservan todavía en el tesoro catedralicio, con las insignias del Cardenal. Además de restituciones diversas, básicamente de vestidos y ornamentos litúrgicos, aténticas obraas de arte que arzobispos antecesores y sucesores habían cedido de forma vitalicia a don Gil; numerosos libros y códices de temática religiosa y jurídica, nos revelan al gran humanista y gran bibliófilo que fue, desde su juventud. En un documento del archivo capitular de Toledo, sin fecha, consta que su sucesor en Toledo don Gonzalo de Aguilar (1351-1353), había recibido de don Gil joyas, ornamentos sagrados de metal noble y diversos libros...

   También el monasterio de San Blas de Villaviciosa, Fundación suya, y muy querida, lugar de solaz en momentos difíciles, recibió el lugar de Paracuellos del Jarama, en la archidiócesis de Toledo, antiguo dominio de la Orden Militar de SAntiago, que Don Gil había adquirido de Alfonso XI junto a otras propiedades de la Orden, como Mohernando - dos propiedades de las que el nuevo rey, Pedro I, y la misma Orden de SAntiago exigían su devolución, acucsando al arzobispo de haberla adquirido de forma indebida. Y le valió las primeras tensiones con el monarca.

   Son significativas las limosnas a favor de las dos iglesias titulares del cardenal: la iglesia catedral de Sabina y la basilica de San Clemente in Celio, primer título cardenalicio de Don Gil y santo de su devoción mñas arraigada. También dispuso la construcción de una capilla nueva en la catedral de Ancona bajo la advocación de san Clemente papa y mártir.

   Don Gil manda que, caso de hallársele alguna deuda, se pague, y en especial se verifique al mismo objeto si deba algo a la Cámara Apostólica. Mis investigaciones en el fondo Camerale del Archivo Secreto Vaticano no me han hecho descubrir ninguna deuda pendiente del cardenal a su fallecimiento, sin duda porque no la huco. En cambio si dejó firme constancia de cantidadesque le adeudaban los administradores de sus bienes patrimoniales, como de las rentas de beneficios en los reinos de Castilla y León, Aragón, Fracnia y Protugal.

    Don Gil tuvo en consideración a sus máas fieles servidores, conocidos como sus familiares en el ambiente curialesco, y en especial a sus donceles, como Fernando Sánchez de Moya y García Fernández de Belvís. Lo que heredó de sus padres fue repartido entre sus parientes directos: su hermano Álvaro García, sus sobrinos y sobrina Catalina. Amén de cantidades cuantiosas expresadas en florines de oro, les legó heredades formadas por aldeas, casas, tierras cultas y yermas, viñas, huertos, molinos y prados, salinas, derechos sobre ríos y lagunas, todas ellas sitas en Cuenca o en Toledo. Por razones comprensibles, el núcleo más cohesionado de su patrimonio y seguramente el más rentable lo lega a su sobrino Gome, primogénito de Álvaro y por lo mismo heredero de la casa de Albornoz.

    Llegamos así a la cláusula más relevante, con mucho, de su testamento: aquella donde instituye como heredero universal suyo un colegio a construirse en Bolonia cerca del EStudio, donde residan en modo digno - decens - veinticuatro colegilaes y dos capellanes. "TAl casa o colegio quiero que se llame "CAsa de los Españoles". Como heredero - y no siempre como legatario - le sucederá "en todo mi dinero y en toda mi vajilla, y en todos mis libros, así de Derecho canónico como de Derecho civil, como en otras cualesquiera Facultad", además de lo que le deben los administradores de sus bienes patrimoniales y procuradores de sus múltiples beneficios.

   La fundación del Colegio no es ocurrencia improvisada el 29 de septiembre de 1364. El cardenal conocí el ambiente universitario desde su juventuid, y especialmente el boloñés desde la recuperación de la Emilia para los Estados Pontificios en 1360. Ahora, cuatro años más tarde, Bolonia estrenaba la Facultad de Teología que él mismo le había procurado en Aviñón, para que el Estudio bononiense renaciera al equipararse al parisino en la formación de futuros teólogos y altos eclesiásticos.

   Seis meses antes de su testamento, el CArdenal había adquirido con pago inmediato y pleno importantes fincas: las tierras que constituyeron la base inicial del patrimonio agrario del futuro Colegio de España.

    Todo el proceso de compra de patrimonio, y muy especialmente construcción del esplendoroso edificio, fuye obra del cardenal con ayuda de sus dos colaboradores más próximos: su sobrino el canonista Fernando Álvarez de Albornoz, entonces abad de VAlladolid, y su camarero Alfonso Fernández. Fue mérito sobre todo de aquel, que la coluntad de don Gil se realizara tan deprisa. El 5 de abril de 1365, día del contrato con los constructores, Fernando Álvarez les hizo entrega de la descripción escrita y de los planos del proyecto dibujados por el propio Don Gil con sus ayudantes. El progreso de las obras fue tan rápido que a finales de mayo de 1367 el cardenal, en constante correspondencioa con su sobrino, lamentaba que todavía quedasen labores de decoración pendientes. Pronto habitarían el edificio los primeros colegiales hispanos.

   El punto central de las disposiciones de Don Gil se estaba cumpliendo fielmente. Se encargaban de ello sus albaceas, los cardenales Capocci titular de Tusculum, Pièrre Roger de Beaufort, títular de Santa María Nuova y futiuro papa Gregorio XI, y Pièrre de Salvet Monteruc, cardenal de Santa Anastasia, así como los obispos de Brescia y de Fermo, ty sus dos sobrinos, Gome García de Albornoz, primogénito del linaje, Fernando Álvarez de Albornoz,m abad de VAlladolid, y su fiel camarero y tesorero de la catedral toledana, Alfonso Fernández, los tres últimos como efectivos ejecutores testamentarios.

    Algo discutible hubo en el proceder de Fernando Álvarez, prestigioso canonista. Lo puso de relieve el P. Antonio García y GArcía en los años 70. Si por una parte subrayó su importancia como canonista y maestro del EStudio boloñés, por otra dejaba en entredicho su empleo de la bioblioteca heredada de don Gil. Quisiera matizarlo.

   El cardenal dejaba a la fundación todos sus libros. El 16 de abril de 1365 Fernando Álvarez de Albornoz u Alfonso Fernández de Toledo confiaron a la biblioteca del convento de los dominicos de Bolonia "in depositum et ex causa depositi custodiendi et salvandi causa" 36 códices minuciosamente descritos en el acta notarial, en los que predomina la temática jurídica. Sin duda la biblioteca de don Gil era mucho mayor: tres veces más, sugiere el canonista salmantino Antonio GArcía. Fue tasada en 1369: consta incluso el precio de cada códice, no pocos de los cuales fueron vendidos. Otros se enviaron a la biblioteca capitular toledana, donde todavía hoy se conservan. Aunque con lo obtenidop se pagaron ropas para los colegiales y últimas obras del Coelgio, en 1372 la colegiatura y su rector afirmaban que habrían preferido los códices al producto de su venta: "tamen Collegium antea vellet libros quam pretium".

   Por fin al litigio entre albaceas y colegiales un aludo arbitral, especie de borrón y cuenta nueva: "Super hoc....perpetuum silentium imponimus et mandamus, et maxime quia impossibile esset eos rehaberi posse, et hoc in rem iudicatum trnsivit". Ciertamente, el sobrino del cardenal no se había adueñado de nada ajeno, ni a mi entender se condujo en modo alguno censurable. Recuerdese el ya visto Is spolii: vender la bilbioteca de un eclesiástico secular difunto era entonces lo ususal y la norma. Fernando Álvarez de Albnornoz no hizo más ni menos que atenerse a la costumbre.

   El testamento del Cardenal que hoy recordamos lo retocó él mismo pocas horas antes de moriri en la fortaleza de Belriposwo, próxima a Viterbo, el 23 de agosto de 1367.

   Su breve codicilo no modifica apenas el testamento de 1364. Esencialmente entraña un reconocimiento de la obra bien hecha por los ejecutores: lo que él deseó y dispuso, se está llevando a cabo de manera satisfactoria, aunque conviene definir mejor o variar algun aspecto: ciertas cosas "sunt mutanda et aliqua suplendi". El Cardenal permite que, según varíen las circunstancias,.. sus disposiciones se adapten según el justo y recto criterio de los albaceas: "ut iustum et equm vobis visum extiterat". Ahora bien, este grupo de ejecutores lo reforma: mientras confirma su confianza en los cardenales Nicolás Capocci y Pedro Roger de Belfort - futuro papa Gregorio XI - nombra albacea al hermano de Urbano V el cardenal Anglico Grimoard y elimina al cardenal Pièrre de Salvete Monteruc, que sería sustituido por Guiglielmo de Agrifolio, el llamado cardenal de Zaragoza.

    Puede sorprender la sustitución del cardenal Monteruc, prestigioso e influyente en lacorte de Aviñón, que desde su juventud fue capellán pontificio y notario de papas. Estudió derecho civil en el EStudio General de Toulouse. Su pariente y mentor Inocencio VI lo nombró obispo de Pamplona, aunque ni fue allí ni recibió nunca las órdenes sagradas. Como eclesiástico de Curia, Albornzo lo conocería bie, dado que el Cardenal vivió en Villenueve-des-Avignon, donde tenía su residencia muy próxima a la de Albornoz. Fue famosa su actividad de prestamista rayana en la ususra. Por encargo de Inocencio VI reestructuró un par de colegios; más tarde fundaría uno propio en Toulouse bajo la advocación de Santa Catalina de Alejandría. Es posible que el cardenal Albornoz, en un primer momento, viera con agrado el celo de Pièrre de Monteruc hacia las instituciones universitarias junto a su robusta influencia en el colegio cardenalicio. LA separación progresiva entre Albornoz y Monteruc se produjo a principios de 1367, cuando ya se anunciaba el retormo de Urbano V a Roma por obra de nuestro Cardenal. Monteruc lideró entonces la resistencia a este viaje. Defensor acerrimo de la sede francesa, vinculado estrechamente a la dinastía de los Valois y a Carlos V, utilizó todo su poder contra el gran proyecto albornociano. Creo que aseí se explica la decisión de Don Gil de sustituirlo por Guiglielmo di Agrifolio, conocido como cardenal de Zaragoza poruqe durante mas de tres años dirigió la sede metropolitana aragonesa. Su profunda amistad cono el papa Urbano V no dejaría de parecerle a Don Gil una garantía para el futuro próximo de su obra predilecta: el Colegio de España.

   Pero el codicilo de 1367 añade como fiduciarios e intérpretes de sus últimas coluntades a otros personajes que pasaron desapercibidos pero son de notable relevancia. Me rewfiero a dos juritas: Niccolò Spinelli y Giovanni da Siena. Uno y otro tuvieron una estrecha erelación con el Cardenal, especialmente en los últimos años de su vida y del ejercicio de las funciones encomendadas por el papa Urbano V. Don Gil les elige porque - cito literalmente - "sabeis que muchas de las cosas ordenadas en mi testamento se han llevado ya a cabo, pero quiero que se cumplan en su totalidad....encomiendo también a vostros, Niccolò da Napoli y Giovanni da Siena, que estáis ahora presentes delante de mi, qeu cmabiéis o añadáis lo que sea conveniente, de acuerdo cono el recto criterio de vuestra conciencia". Toda una declararción de la máxima y mñas absoluta confianza. Aunque el trayecto vital de ambos fue completamente divergente. Niccolò Spinelli fue el impulsor del Concilio de Fondi que eligió al antipapa Clemente VII, con lo que se daba inicio al Cisma de Occidente. A buen seguro que don Gil no hubiese imaginado núnca, ni mucho menos aprobado, la actitud del jurista en quien había depositado tanta confianza.

   Don Gil de Albornzo, que pudo ver el retorno del papa a Italia, y recibirle en Viterbo, murió pocas horas después de manifestar su última y definitiva volulntad. Los tres últimos años de su vida debeieron darle la mayor de las satisfacciones: ver como crecía y se consolidaba su gran obra, fruto de su generosidad y de su visión de futuro; la prsencia de España en la primera ciudad universitaria de Europa.

   Hoy 650 años después - termina su definitiva Conferencia, nuestro querido colegial y compañero albornociano el Prof. Primo Bertán Roigé -admiramos lo sólido y perdurable de esta obra suya. Como escribía nuestro rector, don José Guillermo Gaercía Valdecasas, tampoco yo diré "graciuas a quién [debemos esta perennidad]. Los extraños no lo creerían, pero todos los colegiales lo sabemos".
Laus Deo, Amén Alleluia, per Secula Seculorum, especialmente en la continuación de su obra, de su personalidad, de su visión de futuro y de su constante presencia entre nosotros, sus eternamente agradecidos colegiales, a partir especialmente de este DCL aniversario de su Testamento que tan magistralmente ha descrito nuestro compañero albornociano, Primo Bertán Rogié.

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