miércoles, 1 de abril de 2015

Parte III: La vuelta del papa Urbano V a Roma, fallecimiento de don Gil y retorno del papa a Avignon. (22).


   Desde el día 26 de junio de 1366, el papa Urbano V anuncia públicamente su decisión de trasladarse a Roma, y la noticia le llega a Don Gil mientras viaja a su vuelta de Nápoles, y llega a Ancona el 6 de julio.

   Es lo esperado, lo deseado y la voluntad cumplida de los antiguos "conciliabulos" y acuerdos del Papa Inocencio VI con su ex alumno el cardenal presbitero de San Clemente y a la sazón en Avignon.

   Don Gil conoce bien al monje benedictino y papa Guillaume de Grimoard, que casi providencialmente toma el nombre de Urbano V, que como bien se sabe viene de "urbis" que quiere decir ciudad en latín, como si fuera un premonitorio de realización de su viaje y estancia en la Urbe santa de Roma. Ahora bien este "anuncio" viene precedido por una serie de hechos que don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, cardenal presbitero de San Clemente y Legado pontificio a latere así como Vicario apostolico en Italia, había conseguido, sin duda de ninguna clase, y qu econsistían básicamente 1º En la reconquistas de los Estados pontificios; 2º la incorporación de muchos y variados territorios al dominio de la Iglesia; 3º Aumento del prestigió de la Iglesia en Roma, o dicho en breve la liberación, ordenación y restaruación de la Peninsula.

   Como señala Beneyto en su op. cit. ut supra (p. 248) "Las circunstancias en que triunfó Don Gil, demuestran su calidad; tenía pocos medios y consiguientemente escasas e inseguras tropas; no gozaba de la plena confianza del Papa y, sin embargo, consiguió dar al Estado de la Iglesia una unidad terrirotrial y administrativa, que nunca había tenido".

   Hay otros cortos datos que añade Beneyto y que merece la pena señalar en estos momentos: La Bula de 23 de mayo de 1363, a los pocos meses de ser elegido papa, expresaba a los romanos el deseo de retornar y la Legación y el Vicariato apostólico de Don Gil lo iba haciendo, no solo posible, sino ciertamente realizable.

   Urbano V era un hombre muy amante de la naturaleza, como buen monje bendedictino, y rodeado por un colegio cardenalicio mayoritariamente francés, el papa inicia en la práctica a preparar su eventual vuelta a Roma, dando ordenes desde mayo de 1365, de que se vayan cultivando los jardines del Vaticano. No hay que olvidar que Don Gil vuelve a Ancona, desde Nápoles, el 6 de julio de 1366 cuando ya se conoce la decisión papal fechada solo unas semanas antes y el Cardenal Albornoz permanece ininterrumpidamente en Ancona, durante mas de ocho meses, (de julio de 1366 a marzo de 1367) sin duda preparando todo lo necesario para la esperada y deseada llegada del Pontifice a Roma.

   En el intermedio don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, había enviado a Avignon a su sobrino Gómez Albornoz, quien se entrevista con el Pontifice en los últimos días de junio de 1366 y en una carta a su tio, de principio de agosto, confirmaría los firmes y decididos propositos del Pontifice de volver a Roma, para lo que aceptaba el plan de viaje propuesto, por mar desde Marsella a Corvino, utilizando las naves que Don Gil estaba preparando en Ancona, y que hasta que el Vaticano estuviera lo suficientemente acondicionado se alojaría en la mansión que, a tal efecto, estaba acondicionando el Cardenal Albornoz en Viterbo, a muy poca distancia de Roma, desde donde él le acompañaría a Roma.

   Veamos solo una imagen, de Urbano V meditando, planeando y ordenando su traslado a Roma.

  Es una evidente realidad que la conversación del sobrino de Don Gil con Urbano V, llegó a los detalles mas importantes, entre ellos el itinerario,  el modo de transporte y hasta el detalle del sequito que el papa llevaría como acompañamiento a Roma, que creo que debemos trascribirlo muy ligeramente:

   1º El Tesorero.
   2º El Canciller.
   3º Los jefes de la Penitenciaría.
   4º Los servidores de la casa y boca.
   5º El cocinero.
   6º El panadero.
   7º El custodio de la cera.
   8º El buticulario.
   9º El guarda de la vajilla.
 10º Los dos limosneros: el de las limosnas secretas y el que reparte a los pobres cosas de comer o prendas de vestir.
 11º Los clérigos de la capilla.
 12º El lector.
 13º El boticario.
 14º El aguador.
 15º Los cursores.
 16º Los ujieres.
 17º Los porteros.
 18º El personal de la limpieza.
 19º Losa scobadores, es decir los barrenderos.
 20º Los mudatores.

  Según algun autor, solo quedaba en Avignon la Cámara Apostólica y la Administración de las posesiones del sur de Francia, con sus altos funcionarios y algunos miembros de la Cancillería.

  Todos estos temas fueron meditados, consultados y resueltos por el Cardenal Albornoz desde su residencia en Ancona, en donde fue puntualmente informado que el 30 de abril de 1367 el papa Urbano V y todo su cortejo estaba dispuesto y en marcha, para embarcar en Marsella, según previsto, en una bella nave, que había sido construida, con todo secreto por la vecindad de Venecia, en los astilleros de Ancona, a la que daba escolta tres galeras con la bandera pontificia, (que reporducimos mas abajo) también construidas, preparadas, acondicionadas y enviadas desde Ancona a Marsella y de allí a Corvino, a donde llegaron el papa Urbano V y todo su sequito, y fueron recibidos por don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, cardenal presbitero de San




Clemente, Legado a latere y Vicario Pontificio, quien hizo apartar a todo el gentio y él solo frente a Urbano V, le saludó y recibió de rodillas y postrado ante la autoridad papal. De allí se dirigieron al palacio que en Viterbo había acondicionado el Cardenal Albornoz para Urbano V y sus acompañantes y en donde residía, en la viletta llamada del Belriposo, el mismo Don Gil, desde el 4 de mayo que había llegado para recibir al papa y supervisar todos los preparativos al efecto.

  Urbano V esperó en Viterbo la terminación del arreglo de los jardines del Vaticano, así como el palacio de San Pedro, pués sería allí y no en el viejo de Letrán, donde debía de residir el Pontifice. Se sabe que la Curia (y fue decidido por Don Gil) se trasladaría a Asis, a muy poca distancia y entre Espoleto, Amelia y Viterbo y que García, hijo de Fernando Blasco de Belvis, fue enviado por Don Gil para ocuparse de su instalación y poner sobre las puertas de la ciudad franciscana y pintadas las armas de la Iglesia y del Cardenal.

  El papa se dispone a entrar en Roma cuando en la casa de campo en la que residía Albornoz, el casale del "Buon riposo" o del "Bel riposo", fallece (ha habido muchas dudas sobre la fecha exacta, se creyó que fue en los días 14, 22, 23 y/o 24) pero lo cierto es que fue en la noche del 23 de agosto de 1367, a las cuatro de la madrugada y con tiempo para dictar, el día anterior, su Codicilo, al que nos hemos referido, en el que sin alterar su testamento reforma los componentes de su ejecución.

   El fallecimiento de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, cardenal presbitero de San Clemente, Legado a latere y Vicario pontificio, fue recogida por escrito por el sobrino de Don Gil en su propia copia de Gratian, que se encuentra en la Biblioteca capitular de Toledo, de la que existe copia en los Archivos del Colegio, Cod. Alb. VIII, 13; por lo que, dada la importancia del triste acontecimiento, queremos reproducir textualmente, de la cita en latín contenida en la Nota 4, del libro tan conocido ya de Berthe M. Martin, "The Spanish College at Bologna in the Fourteenth Century", Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1966 cuando expresa que "eodem anno, videlicet MCCCLXVII et XXIII die mensis Augusti, in die lunae, vigilia Sancti Bartholomei apostoli, IV hora noctis, dominus meus d. Sabinensis migravit at dominum, in bastita Bel-repausi, prope Viterbium, cum iam assignasset d. nostros D. Urbano divina provvidentia Pape V omnes terras ecclesiae quas habebat" que al parecer igualmente refiere Filippini en su op. cit. Il Cardinale Egidio Albornoz (Bologna 1933) p. 405. n. 3.

   La causa de su muerte, pudieron ser unas fiebres palúdicas, dado el terreno pantanoso en el que se encuentra la ciudad de Viterbo, y desde esta ciudad su cadaver, según sus deseos testamentarios, fue trasladado a la Basílica de Asis, donde se encontraba la Curia que había acompñado al papa Urbano V.

  No obstante tras el fallecimiento de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, y de su enterramiento en la Basilica de Asis, el papa Urbano V realizó finalmente su entrada en Roma, el día 16 de octubre de 1367, justamente a los escasos dos meses del fallecimiento de su cardenal y Legado pontificio.

  Urbano V se estableció en el Vaticano, pobremente adecentado y enseguida comenzó a desplegar su actividad de reformador y reconstructor de la ciudad. Paulatinamente - véase lo que informa la Wikipedia - las cosas iban tomando un nuevo aspecto. Roma volvía de nuevo a ser, en tan poco tiempo, el centro del mundo y de todas partes confluían a ella huéspedes ilustres. Los acontecimientos mas importantes de la estancia de Urbano V en Roma, fue la reconciliación de la Santa Sede con el Sacro Imperio, la coronación del emperador Carlos IV y en 1369, el acercamiento del emperador bizantino Juan V Paleólogo, quien buscando protección contra los turcos, se conviritió al catolicismo y se tuvo una ceremonia de abjuración el 18 de octubre del citado año. ¡Al menos por un corto periodo de tiempo la Iglesia se mostraba unida!

   Pero una sublevación, precisamente en Viterbo, había producido en el Papa una profunda impresión, aunque núnca había gozado de seguridad entre la movediza gente italiana por lo que, quizás, la nostalgía de su país nativo fue apoderandose poco a poco de su ánimo y en mayo de 1370 hizo publico en Montefiascone su resolución de regresar definitivamente a Avignon.

  Sin duda se cumplían las previsiones de la monja sueca Santa Brigida, y en todo caso es evidente que la perdida de su Legado a latere, y Vicario pontificio el cardenal don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, el 23 de agosto de 1367, supuso quizás el reinicio de las sublevaciones que el Cardenal Albornoz había suprimido, durante su mandato. La excomunión del cardenal Androico de la Roche, por negarse a abandonar su puesto y ser el culpable de la conivencia con los Visconti de la Lombardía, llevó al papa a destituirlo y nombrar en su lugar a Grimoaldo de Grisac, el llamado cardenal Anglico. Por todo ello en mayo de 1370, como hemos dicho, Urbano V decide su vuelta definitiva a Avignon, cosa que hace el 5 de septiembre de dicho año de 1370, tras una estancia de casi tres años y volvía a fijar la sede pontificía en Avigon, cuando el cardenal presbitero de San Clemente, obispo de Sabina, y Legado pontificio en Italia, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, contemplaba no solo la terminación del edificio de su Domus Hispanica, sino que el 7 de abril de 1369 su celebró la firma del acuerdo entre los representantes de los monasterios de San Vittorio y de San Giovanni in Monte, hecho que se redacto y se firmó en la misma sede de la Domus Hispanica, a cuyos momentos iniciales de vida, nos vamos a ir refiriendo en los siguientes posts.

   Valga este final, como el homenaje mas ferviente del cumplimiento, aun tras su fallecimiento, de la voluntad manifiesta por don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, y cardenal presbitero de San Clemente, en los pirmeros años del pontificado de su Maestro en la Universidad de Toulouse, Étienne Aubert, y de su pontifice en Avignon, Inocencio VI, con quien se inicia, de iure y de facto todo este proceso que lleva la vida del Cardenal Albornoz en el tercer y último periodo de su existencia.

  A mi modesto entender, la vida del Cardenal Albornoz, se puede compactar en tres nítidos périodos: El de su formación y quehacer eclesiastico muy junto al rey de Castilla Alfonso XI; Su nombramiento como cardenal de la Santa Iglesia y los preparativos para el tercer périodo de su vida, Su nombramiento y desarrollo como Legado a latere y Vicario apostolico del papa en Italia, para preparar la vuelta de los Pontifices de la Iglesia católica a Roma.

  He aquí un resumen, muy esquemático, de los 22 Capitulos anteriores.

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