viernes, 13 de mayo de 2016

Un octogenario en la medicina del siglo XXI (Parte 2ª)


   Quiero, en función de la eficiencia, la eficacia y la rápidez como se desarrolló mi operación del "supuesto" tumor en la vejiga, proceder a una relación de los hechos, tal y como ocurrieron la semana pasada y que creo que pueden dividirse en estos tres momentos esenciales y básicos al desarrollo de los acontecimientos:

    1º.- Preoperatorio el martes 3 de mayo, a partir de los 09:00.

    Segun convenido con el Dr. Allona, a las 09:00 estabamos en su Despacho del Hospital Ruber Internacional, y mientras se procedía a asignarme una habitación (la 328), se inció toda una serie de reconocimientos y análisis, perfectamente programados, y de los que solo voy a citar la denominación de su identidad, en el entendimiento que todos ellos estaban sucesivamente concatenados, y sin duda conectados, el uno al otro, con el fin de saber ante que situación urólogica se iba a encontrar el Dr. Allona, al día siguiente en el quirofano.

   Una vez instalado en mi habitación fui literalmente "llevado en andas" de un lugar a otro, por un eficaz ayudante que me hizo atravesar los siguientes lugares:

   * Scanner.
   * Ecogrofía (en donde recuerdo perfectamente la insistente afirmación del Doctor a cargo de dicha prueba que reitereadamente repetía audiblemente "no encuentro nada, no encuentro nada".
   * Electrocardiograma.
   * Análisis de orina.
   * Análisis de azucar en sangre.
   * Tensión.
   * Temperatura.
   * Azucar, por 2º vez.
   * Anestesistas.
   * Rayos X.
   * Tensión de nuevo, y al final de las pruebas.
   * Cistoscopia por el Dr. Allona.
   * Tac pulmonar.
   * Y alguna otra prueba mas, que ahora ya no recuerdo, entre tantas anteriores. Si debo constatar la extremada amabilidad, humanidad y trato afable de todos los intervinientes en las pruebas, con los que, aun en aquella situación de cierta tensión, hasta llegamos a gastar alguna que otra broma.

   Un vez realizadas todas estas pruebas, se había consumido prácticamente todo el  martes 3 de mayo y las enfermeras a mi cuidado tuvieron a bien decirme, con insistencia, que vendrían a buscarme en torno a las 07:30 del día siguiente, pero que debía permanecer completamente en ayunas, "ni un sorbo de gua" literalmente me dijeron y que yo cumplí, al máximo, enjuagandome la boca y no tragando el agua.

   2º.- Operatorio, el miercoles 4, a las 07:30 puntuales estaban en mi habitación el equipo de efermeras a mi cuidado, recomendándome una ducha y que me envolvieran en una bata, que al efecto me trajeron. Terminada esta operación, y en torno a las 08:30 aproximadamente, directamente en mi cama, fui conducido a la Sala de operaciones, en donde me iba encontrando con numerosos sanitarios, todos igualmente vestidos con batas verdes, que daba un ciero aspecto hasta "lúdico" a la situación en que me encontraba. Yo trataba de descifrar las funciones de cada cual, pero ellos mismos se fueron identificando y rogándome que me fuera sometiendo a sus reiteradas pruebas de tensión, temperatura y estado general anímico. Unicamente el Anestesista, cuando ya practicamente estaba casi situado en la mesa (pies en alto) de operaciónes, se idenficó como tal y fui muy consciente de la punción que me hacía en la columna o en torno a la columna vertebal. La famosa anestesia raqui o epidural - no llego a poder definir cual me fue administrada - que como en los años 2001, cuando fui operado de Prostata por primera vez por el Dr. Roque Mir, tuve la misma sensación de no perder la lucidez, pero si, en aquella ocasión mas que en esta, perdí la mobilidad en las dos piernas. Esta vez mucho menos, y además en esta ocasión, no tuve frente a mi un monitor de TV en el que pude haber seguido, como en aquella ocasión, el desarrollo detallado de todos los acontecimientos.
    
   En todo caso, hacia las 10:00 estaba ya perfectamente situado con los pies en alto y a la disposicón del Dr. Allona, quien - a mi modesto entender - iba a trabajar a traves de los siguientes elementos que habían sido introducidos por mi ureter, hasta llegar a mi vejiga: un mazo, un bisturí, un foco de luz, un chorro de agua, y una especie de aspiradora. Todo ello sin sufrir, y lo que es mejor, si tener la consciencia, ni la sensación de que estaban ocurriendo o de lo que ya había ocurrirdo.

   No creo que mas tarde de 10 o 15 minutos de manipulación general, el Dr. Allona, con sus cinco o seis ayudantes, comenzó la intervención de la que solo recuerdo, profusa pero profundamente, la sensación de unos pequeños golpes en el fondo de mi vejiga, y en torno a toda ella, y momentos en los que con la mano, el Dr. Allona, levantaba la parte exterior de mi vegija, intuyo que con el fin de poder proceder mejor a la limpieza, arrastre y hasta quizás la supción de toda la prostata que había crecido en demasía, desde su reducción por el Dr. Roque Mir en el 2001, y que sin duda era no solo la causa de mis hemorragias, sino de la "supuesta" aparición de un Tumor, inexistente a todas luces.

   En no mas de una larga hora y media, la limpieza estaba terminada, el recorrido había sido repetido, porque yo sabía perfectamente por donde se iban produciendo los citados "golpecitos" y en un cierto momento, alguién de aquella "hueste" de sanitarios vestidos en batas verdes, no puedo recordar bien quíen, me dijo que todo había terminado y que me bajaban de nuevo a mi cuarto. Ante mi sosprersa no tuve que esperar, como en el 2001 a que mis piernas volvieran a moverse, respondiendo a mis impulsos, porque en esta ocasión nunca se había paralizado, como en aquello otra y unica experiencia que yo contaba en mi haber sanitario.

   3º.- Postoperatorio, de hecho en completa consciencia fui reconociendo el camino que deshaciamos para voler a mi habitación (mas bien los techos que yo podía ver) y cuando me di cuenta, o me pude percibir de todo ello, me encontraba de nuevo en mis habitación 238, bajo la antenta mirada de mi Merceditas, a quien trataba de convencer de que, de verdad, no había tenido ni el mas minimo sufrimiento, ni en consecuencia el mas mínimo dolor. 

   Ahora bien, cuando miré a mi iquierda si que observé toda una parafernalia de bolsas muy grandes de agua, y sondas que me llegaban hasta mi vejiga, y que tenían la función - pues se vaciaban a gran velocidad - de irme lavando la vejiga de todo el "movimiento" de que había sido objeto, y limpiándome los naturales restos de sangre que se habían acumulado con la operación. Creo recordar que dichas bolsas (dos pendiente de una alta pertiga) se vaciaban a velocidades que no daban casi abasto las enfermas, al verlas salir de mi entorno, con jarras y jarras de liquido sanguinolento, que cada vez se fue haciendo mas naranja, y que en un detrminado momento, del día y de la noche, del miercoles 4 y camino del jueves 5, fueron ya casi completamente blancas y en consecuencia, me fueron reitaradas, pues el lavado ya había sido eficaz y practicamente hecho.

   No quedaba mas que una complicada estructura (quizás por la novedad de su visión por primera vez) de sonda directamente a mi vegija, desde la que, sin necesidad de moverme ni levantarme de la cama, iba realizando, cada vez las limpias, las diversas micciones que el organismo me requería hacer y que se depopsitaban en una pqueña bolsita, colgada de las barras inferiores de mi lecho.

  Todas las nefermeras, que procedían al vaciamiento periodico de que aquella bolsa en donde terminaban la larga sonda, tenian sumo cuidado en conocer la cantidad de vasos de agua que había bevido, con el fin de saber de que modo fucionaban mis riñones y cual era el exacto producto de mi micción, en función de la correspondiente cantida de agua bevida. 

   Debo decir que quizas, como dicha sonda la tuve dos días mas, ya sin las grandes bolsas de agua para el lavado interior de la vegija, y creo recordar que fue en la mañana del mismo viernes 6, cuando me fue reitarada por las mismas enfermeras que me cuidaban. Quizás dicha sonda, a pesar de que me paseaba con la bolsita correpondiente por los pasillos del Hospital, con cierta frecuencia, fue lo que mas me perturbó de todo el operativo, al extremo que rogué al Dr. Allona que me la quitara lo antes posible, pero amablemente me recomendó que siguiera con ella, para no tener dificultades, cuando terminara todo el proceso de hacer las convenientes micciones, que sin la sonda, serían algo dificiles al inicio, pero a las que me iría acostumbrando, con su reiteración. Unas varias pastillas de "nolotil" me ayudaron en los primeros ejecicios de miccion a andar sin sonda, y debo reconocer que cuando me vine a dar cuenta, el tema ya estaba superado y yo ya me encontraba, vistiendone de civil, para bajar al Despacho del Dr Allona y que me confirmara que él habia quedado muy satisfecho de todo el proceso y que me dispusiera a volver a casa, no sin antes darme un plan post-operatorio inicial, consistente, solo en tres medicamentos y durante solo tres dias. Se trataba de Enantyum, de 25 mg, cada ocho horas, repito que solo durante tres días, Cápsulas de Nolotil cada 8 horas si dolor (cosa tortalmente innecesaria) y una pastilla diaria de Omeprazol, 20 mg, cada 24 horas.

  Lo cierto es que al día siguiente de haber dormido en casa, sin la incomodidad y pejigueras de la sonda, nos cruzmos los dos el siguiente mensaje, que quiero reproducir in extenso y literalmemte. Yo le dije al Dr. Allona que: Estoy muy bien. Ningún dolor, ritmo fluido y color semejante al Veuve Clicoquot Ponsardan del que nos tomaremos un copón tras mi próxima visita del miercoles 17.
a lo que el Dr. Allona me respondió, al día siguiente martes, a las 20,05 con el siguiente y esperanzador mensaje: Querido José Luis, me encanta que estés bien!!! Mañana te llamo para confirmar que todo está correcto! Me acaban de decir que la biopsia está perfectamente. NADA DE TUMOR. Fuerte abrazo.

  Y desde entonces hasta el momento que escribo este post, debo decir que nunca he tenido mayor seguridad, desde el verano del 2014 y las reiteradas y demasiado prolongadas tomas de Sintrón, de encontrame en mejores condiciones urológicas que van mejorando día a día.


  Creo que ya he descrito bastante, las argucias, las perspicacias, las intuciones y las confirmaciones de un diagnostico al que llegué completamente dispuesto, en unas condiciones, que la expertisse, la práctica y el buen hacer operativo del Dr. Allona, supo convertir en una experiencia muy especial, de aplicación de las nano tecnologías, en una operación que sobre una Hipertrofia prostática, el Dr. Allona supo magistralmente llevar a cabo, de un modo tan natural, para un paciente octogenario como yo, de RTU de próstata.
 

1 comentario:

  1. Me alegran mucho éstos comentarios amigo. Gracias por explicarte largo y tendido.
    Un fuerte abrazo

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