viernes, 26 de agosto de 2016

Solo a los dos días del fallecimiento del Cardenal Albornoz, deseamos mejor que tratar de los horrores de la vida actual (de terremotos a yhaidistas) volver al inicio de la Eduación de Excelencia.


    En muy poco tiempo tenemos que ir describiendo los ultimos momentos de nuestro Fundador. Es una realidad incontestable que el papa que sucedió a Inocencio VI, Etienne Aubert, su Maestro en la Universidad de Toulouse y su gran confidente, el conflictivo papa Urbano V, Guillaume de Grimoard, fue la cruz y el martirio casi permanente de nuestro cardenal Albornoz, porque no solo Urbano V, miembro de la Orden de San Bernardo, elegido el 28 de septiembre de 1362, fue el primer papa de Avignon que volvió a Roma, gracias a todos los preparativos, desde 1353 del cardenal Albornoz, sino que traicionó la importante campaña final de don Gil, aliandose con el gran enemigo máximo de la Iglesia que desde la Lombardía era el tirano Visconti, y pactando a su vez con el incapaz cardenal Androin de la Roche, repito que pactando "la expulsión de Bolonia" del cardenal fundador y de su sobrino, lo que produjo el deseo de abandonar su puesto en Italia por parte de don Gil, postura que le impidió, a partir de enero de 1364, la profunda meditación de como debería dejar su huella de EDUCACION y de HISPANIDAD en Bolonia, como hemos señalado anteriormente, no solo con la creación de la Domus Hispanica, en su Testamento de 29 de septiembre de 1364, ya firmado en su residencia papal de Ancona, lugar habitual de su vida en sus ultimos años italianos, sino, finalmente, con la creación de la Facultad de Teología en la Universidad de Bolonia, en aquel mismo "año mágico" para él y para todos nosotros, sus permanentes discípulos y "herederos universales" que fue su Testamento de 1364.

   No es pués de extrañar que si durante la propia vida del cardenal don Gil de Albornoz y Luna, fundador de la Domus Hispanica, se produjeron ya estas graves alteraciones en la vida y en las obras  del propio Fundador, no es de extrañar, repito, que a lo largo del desarrollo inalterable del edificio del Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia, entre sus alumnos, rectores de muy diversa calidad, iglesias y estados, tuvieran lugar conflictos, confrontaciones y hasta casi "excomuniones" que no son mas que la triste y desgraciada condicion del devenir humano, cuando no se tiene la altitud de miras y sobretodo la visión prospectiva del futuro, que unicamente el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz, tuvo siempre presente, sino que además y ya en visperas de su muerte en Viterbo y desde su mismo lecho mortal, preveió las posibles causas de confrontación, disensión y alteraciones que se podían producir en el desarrollo, ejecución y aplicación de su Testamento de 29 de septiembre de 1364, y dictó por lo tanto el muy pensado tambien Codicilo, de 22 de agosto de 1367 que vamos a describir a continuación y por el que nombra, lo que su experiencia y últimos y precisos conocimientos de la realidad, en agosto de 1367, con el papa ya llegado desde Marsella al puerto de Corvino, y recibido por Albornoz al pie de la magnifica Flota naval que él mimo habia preparado, desde su querida y siempre eficaz residencia en la capital de las Marcas en Ancona.

   Este Codicilo, el fallecimiento y posteriores actos de sepelio de nuestro Fundador, vamos a tratar de describirlos con la brevedad de la que seamos capaces, para entrar ya finalmente en los inicios del funcionamiento del Colegio de San Clemente de los Españoles y de los Estatutos que lo rigen, y que a pesar de las difíciles y complejas evoluciones de la Europa medieval, renacentista, modernista y contemporanea, pueden irse adaptando pero no variando ¡¡¡JAMÁS!!! el caracter permanente de una Fundación albornociana, a la que, en el último de los posts de este analisis, lo mas detallado que hemos sido capaces de realizar, pondrá punto final, quizás a las contiendas actuales, inciadas en el mes de noviembre desde la misma Web de bolonios.it a la que no queremos referirnos mas en estos momentos, en los que seguimos relatando los ultimos días, mejor dicho, el ultimo día antes del paso a la presencia de Dios de don Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna (como se le conocía en Italia) a nuestro egregio, sabio y santo Fundador y Mantenedor, a lo largo de casi siete siglos de un obra Educativa, Formativa y Auto-mantenida, como no existe, ni ha existido, ni existirá ninguna semejante en el mundo.

   Pero no hay que dejar de olvidar que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, sabía perfectamente que en la aplicación de su Testamento, lo mas importante eran sin duda los Albaceas a los que dedica en el texto sellado, fimado y con los debidos testigos, del tantas veces ya citado 29 de septiembre de 1364, en su penultima y última clausula en la que se refiere taxativa y expresamente al Nombramiento de Albaceas y a los Testigos, que son por este orden los siguientes:

   Albaceas del Testamento dictado por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, cuando dice textualmente que "Y para ejecutar todas y cada una de las sobredichas cosas conforme a mi voluntad, nombro albaceas a los reverendos en Cristo, padres, mis señores los sobredichos cardenales por la divina providencia: Nicolás, obispo tusculano; Pedro, vicecanciller de la Sede Apostolica, presbítero de Santa Anastasia, y a Pedro, diácomo de Santa Maria la Nueva; y subordinados a ellos, y para las cosas que se han de hacer aquí en Italia, a los venerables padres Enrique, obispo brixiense, y Alfonso, obispo firmanenese; al noble señor caballero Gómez García y a Fernando Álvarez, abad de Valladolid, mis sobrinos y a Álfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo, mi camarero sobredicho; y para cumplir las cosas que se han de hacer en España, subordinadas a lo que dispongan los dichos cardenales, nombro a don Lope, arzobispo de Zaragoza; a don Gómez arzobispo de Toledo; a mi dicho camarero; y a martín Fernández deán de Cuenca, a los cuales instituyo por mis ejecutores, dándoles entera y libre potestad de ejecutar y de cumplir con mis bienes todas y cada una de las cosas contenidas en este testamento".

   Los Testigos, continua textualmente la última clausula del ya tan citado testamento de 29 de septiembre de 1364, que: "Todo lo cual tuvo lugar en la fortaleza papal, también llamada de San Cataldo, de la ciudad de Ancona, en la Cámara alta secreta de dicho señor Legado, en el año, indición y pontificado sobredichos, estando presentes los reverendos en Cristo padres señores don Enrique, obispo brixinense, y Alfonso, obispo firmanenese, y Juan de Marmano, abad de Santa María de Suria, de la diocesis nurcenense; y los venerables varones don Juan de Sena, licenciado en Derecho civil y Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo; y pedro Alfonso, arcediano de Calatrava en la iglesia de Toledo; y Sancho Sánchez, canónigo de Segovia, testigos rogados y llamados para las cosas sobredichas".

   Es un total de Albaceas compuesto por 3 cardenales, y "subordinads a ellos" para las cosas que se han de hacer aqui en Italia a 2 obispos y 2 sobrinos y 1 tesorero/su/camarero "y para cumplir las cosas que se han de hacer en España" igualmente subordinados a lo que dispongan los dichos cardenales, a 2 arzobipos (Zaragoza y Toledo) a su dicho camarero y a 1 deán (el de Cuenca).

   Hay que reconcer, expresado vulgarmente, que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, "hila muy fino" en su nombramiento de Albaceas, porque sabía que la ejecución de todas sus disposiciones testamentarias, podrían producir conflictos, contradiciones y aun reyertas (como ocurre hoy a partir de noviembre del 2014) y él lo que quería es que se llevaran a cabo sus disposiciones testamentarias tal y cual las deseaba.

   Los conflictos/contradicciones/reyertas, son pues PREVISTAS desde el mismo momento de dictar, firmar y hacer vigente su testamento, por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, nuestro venerable, inteligente, prospectivo e iluminado don Gil de Albornoz y Luna.

   Así pués como no deja de pasar el tiempo, cuando en la bastita Belrepausi de Viterbo, donde dolía nuestro don Gil gravemente enfermo, mientra el papa Urbano V le esperaba para entrar "triunfalmente" en Roma, cosa que nunca ocurrió por el fallecimiento del cardenal presibtero de San Clemente y obispo de Sabina, el 23/24 de agosto de 1367, y habían trascurrido exactamente 2 años. 10 meses y 6 días desde la firma de sus Testamento el 29 de septiembre de 1364, tuvo tiempo don Gil de meditar, una vez mas con la reflexión y lucidez que le caracterizaba, que había algun Albacea que debía cambiar y dictó su muy famoso Codicilo, la vispera de entregar su alma al Dios que le había creado para el bien de su Iglesia y de sus españoles, aunque viviera los ultimos 17 años de vida fuera de su Castilla/Aragón queridas, pero siempre viendo ya la consitución de un Reino de España, al que dedicó y consiguió que sobreviviera hasta el día de hoy - a pesar de los conflictos que tenemos actualmente y que describiremos en su momento - su Domus Hispanca.

   Su tránsito se produjo entre los días del 23 al 24, se fija en las cronicas de sus sobrinos que fue en torno a las 4 de la madrugada y como había dispuesto, su huesos - hasta que terminara la persecución del rey de Castilla contra su linaje - fueron depositados, con toda solemnidad, en la capilla de Santa Catalina en la Basilica de Asis que él habia mando construir exprofeso, como homenaje a su devoción franciscana, y como previsble lugar de un rapido enterramiento tras su fallecimiento en Italia. La muerte de Pedro I el Cruel, y el advenimiento de su hermanastro Enrique de Trastamara, inició uno de los mas largos y píos cortejos de traslado del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, desde Asis a la capilla, que él tambien tenía ya preparada de San Idelfonso, en su catedral primada de Toledo, en una veradera procesión desde Asís hasta Toledo, a hombros de fieles creyentes que solo se reposaban al anochecer, cuando le dejaban "descansar" en las correpondientes capillas en el curso del largo trayecto, para cuya peregrinación el papa Urbano V concedió una bula de especial indulgencia, lo que llevó, hasta al mismo rey de Castilla a "arrimar el hombro" en esta sacrosanta, impresionante y humildemente gloriosa procesión del cardenal prebistero de San Clemente y obispo de Sabina a su diocesis primada en donde reposa desde hace 647 años.

   Pero al poco tiempo de su muerte, ya hubo necesidad de aplicar su Codicilo de 23 de agosto de 1367  el que alteraba ciertos terminos de los Albaceas nombrados y citados anteriormente en su testamento de 29 de septiembre de 1364.

   El Codicilo dice textualmente así, y es una visión, como siempre, de la prospectiva previsión de nuestro cardenal presbierto de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, de los conflictos que se podían producir en la aplicación de sus disposiciones testamentarias, que como veremos mas adelante no tardaron en producirse, solo a los dos años de funcionamiento ya del Colegio de San Clmeente de los españoles en Bolonia.

   En el ya tan citado Codicilo la mayoría de las disposiciones testamentarias no fueron alteradas, en especial la que hacia al Colegio de España su Domuns Hispanica como heredero universal del residuo de sus legados.

   Recodemos que los ejecutores de su Testamento eran Nicolò Cappoci, cardenal obispo de Tusculum; Pierre Roger, conde de Belfort, conocido tambien como el cardenal Belfortis, el cardenal Diácono con el título de Santa María Nova en 1348, que era sobrino de Clemente VI y que el 30 de diciembre de 1370 fue elegido papa como Gregorio XI y coronado el 5 de enero de 1371 quien falleció en Roma en marzo de 1378; Guiglielmo de Argofoglio, con el título de Santa María en Trastevere, conocido como el cardenal de Zaragoza, que fue nombrado en el codicilio para reemplazar a Pedro de Monterucco que se quedó a vivir en Avignon; y (sobre todo, esto lo decimos nosotros) a Anglic Grimoard, obispo de Avignon en 1362, cardenal con el titulo de San Pedro in Vincoli en 1366 y cardenal obispo de Albano en 1367. Era hermano de Urbano V quien enseguida le nombró, en sustitución del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna, como Legado papal en los Estados pontificios de 1367 a 1371. Pero ademas a titulo de sus ejecutores y sus fiduciarios así como sus interpretes de su Testamento, por lo que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, añadió a todos estos prelados a sus dos sobrinos Gómez García, nobiles miles, Fernando Álvarez abad de Valladolid y Alfonso Fernández, tesorero de la catedral de Toledo y su camarero.  (Los tres fieles ejecutores que tuvieron que lidiar con las primeras disputas que como hoy en dia, ayer y antes de ayer, se han ido provocando en la Domus Hispanica en el trascurso de mas de seis siglos, y que serán superadas sin DUDA DE NINGUNA CLASE, pues el Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia sigue y seguirá existiendo, mientras cuente con una protección tan excelsa y demostrada, hasta momentos antes de su muerte por el cardenal presbitero de san Clemente y obispo de Sabina don Gil de Albornoz y Luna, a cuyo tristes y conflictivos temas nos vamos a tener que referir, junto al inicio del funcionamiento de la Domuns Hispanica, y sus Estatutos, en ulteriores posts en este ya tan viejo blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario