lunes, 17 de octubre de 2016

Hay que vivir en y para lo positivo y serás F-E-L-I-Z (IIIª Parte).


   El siguiente descubrimiento en mi adolescencia, fueron los dos cursos que hice en el Instituto de Tourena en Tours, en los veranos del 1949 y 1950, mi corta escapada a Londres, en un vuelo barato y nocturno, con mi buen amigo David Clift, y mi tercer cursillo en Londres, en los finales del 50.

  Fueron tres experiencias muy diversas. De verdadera juventud, con lo que el idioma entraba con mas facilidad y mayor soltura, y puede decirse que tras aquellos tres veranos, era practicamente bilingue en frances e ingles.

   Tres recuerdos imborrables, a los casi mas de 65 años, de su acontecer, reviven en mi esa vida en lo positivo, que me hacen poder ir construyendo los actuales posts.

   Los inumerables y grandiosos Castillos del Rio Loira, han quedado grabados en mi mente como si los hubiera visto ayer. Quiero dejar solo unas dos imagenes, para poder confirmar que realmemnte tanto mi primera y positva impresión, como el recuerdo a los largos años de mi vida, sigue intacto.

   1º.- Las espectaculares excusrsiones, a lo largo de los Castillos del Rio Loira, nos hicioeron ver bellas e imponentes construcciones, que como ejemplo, dejamos solo una imagen, de aquel Castillo, como flotante sobre el Loira, que quizás me llamó mas la atención y que sigue siendo una obra de arte, que entra por los sentidos y plantea permanencias de presencia, aunque haga mas de 65 años de su primera visión:

   

   Y este otro: 

   
   No hay modo de olvidar estas majestuosas bellezas, aunque se hayan visto por primera vez hace mas de 60 años, quedan permanente grabadas en tu memoria, visualización y espíritu.

   2º.- Con todo, y a pesar de mi "peregrinaje" a Roma de dos años antes, la acumulación de recuerdos de la belleza que iba desfilando ante los ojos y la mente abierta de mi pubertad, no hace que hoy siga teniendo iguales referencias de lo que puede ser, ha sido, o fue, las imagenes de lo mas positivo que se ha ido enroscando en mi vida, poco a poco, y en diferentes intervalos que es a lo que quiero llegar en este momento, escolar, universitario, pero muy importante en el desarrollo de mi vida futura.
Mi ritmo anual era el siguiente: hacia mas o menos, el 13 de junio, se celebrarba el día de la festividad de San Juan, las clases y examenes habían terminado y yo, casi con puntualidad matematica, todos los años, alrededor del 14, maximo el 15 ya estaba tomando un tren a Madrid, y de allí a Irún (el pomposo Sud Exprers) y desde Hendaya a Saint Pierre des Corps, desde donde, con la pequeña y corta navette al efecto, llegaba a la capital de la Tourainne, a Tours, mi refugio veraniego, en la Rue de la Grandière chez Mr. et Mdme Arnault, (ancien Notaire) durante mas de tres meses y durante tres veranos consecutivos. Para finales de septiembre la vuelta estaba aseguradad, y en la Universidad de Murcia, mi dedicación plena al estudio, solo tenía una finalidad: lograr un excelente expediente universitario que me permitiera poder optar a las Becas que se concedían en el Real Colegio de los Españoles de Bolonia.

   3º.- Y así fue. A la terminación del curso de 1956 obtenía dicha Beca, a través de la Dirección General de Relaciones Culturales, del Ministerio de Asuntos Exteriores, y tras la Navidad iniciaba mi inolvidable e impecable viaje, en tren, desde Murcia, a Valencia, BAcelna, Irún y de Port Bou diectamente, por toda la espectacular "Riviera francesa" hasta el enlace con la Litorina que nos llevaba a Bologna desde (creo recordar que era Livorno).

   Bien, pues la estancia de dos semestres, el del 57 y el del 58, en dicho Colegio de España, han supuesto para mi, en mi vida posterior y hasta los momentos en que escribo estas líneas al sensación, la fijación y la interiorización en mi vida, en mi profesión y en mi familia, el hecho de tener la conciencia de haber vivido, realmente, en el extranjero a pesar de los antecedentes que aun muy ligeramente vengo de referiri.

   El Colegio de España en Bolonia, su impresionante edificio pre-renacentista, la vida con mis nueve compañeros, 5 del Curso anterior (que realizaban ya su Tesis doctoral) y los cuatro que estabamos en el 1er año convalidando 7 de las asignaturas de nuestras respectivasd licenciaturas, y recibiendo el titulo dela Tesis, que - velis nolis - ya comenzabamos a ir preparando, antes aun de salir de colegio como a finales de Julio.

   Vuelvo a repetir otra imagen del Colegio de España, o Domus Hispanica como la denominó Don Gil Alvrez de Albornoz y Luna, cardenal de España y Legado apostolico en Italia, donde consiguió no solo la recuperación de los países, estados y lugares de los que habían sido expulsados los papas a la ciudad de Avignon, sino la creación de su Colegio de España, para acoger a los "pobres e ignorantes españoles, para que adquirieran una Educación que hoy llamamos de "Excelenecia".
 
  

   Vista general del primer piso, con el arranque de las escaleras, a derecha e izquierda, de un edificio de fines del siglo XIV conservado con el esmero y el ciudado que tanto los colegiales comos sus rectores Verdera y García-Valdecasas le han dedicado intelectual como artisticamente. 

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