lunes, 17 de julio de 2017

Viejos posts en este blog, s/ los Estatutos y el Codicilo de la Domus Yspanica.


  
viernes, 9 de septiembre de 2016

    Hay diversas motivaciones, que vimos en el post anterior, de las posibles causas del fallecimiento de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, en una finca en las proximidades de Viterbo, donde solía residir (cita Beneyto, según Pinzi, historiador local) "in una viletta poco lunghi dalla città, detta Bonriposo) o la bastitta Belrepausi según la Prof. Birthe M. Marti". No era pues un castillo, sino una especie de casa de campo, según de otra parte revela al término "bastida" que utiliza el cardenal en su codicilo, último "acto de voluntad" realizado en la tarde del día 23 de agosto de 1367 antes de la madrugada en la que exhalaría su último suspiro.


   Antes pues de cualquier otra descripción de cómo se pasaron las cosas después de su fallecimiento, es importante que describamos el contenido del citado codicilo que nos interesa conocer a muchos efectos, y especialmente en relación a la primera aprobación oficial de la Reforma Estatutaria, que llevan a cabo los reverendos padres en el señor, 

   1º Fernando Álvarez de Albornoz, hijo de Fernando Gómez, hermano del cardenal, Doctor en Decretales por Bolonia en 1361; Abad de Valladolid, 1364; Archidiácono de Toledo, 1367; Arzobispo de Lisboa, 1369, y de Sevilla en 1371. Y quien enseñó derecho canónico en la Universidad de Bolonia.

   Pedro IV Gómez Barroso de Toledo, Doctor en Decretales, Bolonia 1361, Obispo de Osma, 1367; de Cuenca 1373; de Évora 1378; Rector de las Marcas Anconitanas 1371.

  Alfonso Fernández, Doctor en Decretales; Abad de Valladolid, 1366; tesorero de la Iglesia de Toledo; Camarlengo del cardenal Albornoz; Archidiácono de Toledo y Obispo de Ávila 1372.

   Pero antes de entrar en los detalles del citado codicilo, no está de más que reproduzcamos en el propio latín en el que fueron escritos, estos comentarios al primer tipo de reforma Estatutaria que se llevaba a cabo (Vide en el cit. libro de la Prof. Birthe M. Martin, "The Spanish College at Bologna in the Fourteenth Century" editado en la University de Pennsylvania Press, en 1966 y en la p.116) con el siguiente texto, repetimos que escrito originalmente en esta larga frase latina: "et postea reformata et in pluribus suis locis mutata, correcta ac emendata qualiter temporis et conditiones hominum que cotidie innouantur exposcentibus per supradictum reuerendum patrem et dominum  Dominum Petrum episcopum Conchensem Marchie Anconitane pro sancta Romana ecclesia rectorem generalem auctoritate sibi concessa a sanctissimo in Christo patre et Domino nostro Gregorio Papa XI" (el subrayado es nuestro).

  Ahora bien el citado codicilo, del 23 de agosto de 1367, recogía lo siguiente, en relación a los albaceas que habían sido designados por el propio cardenal presbiterio de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, y que eran los siguientes cardenales:

   1.- Nicolás, obispo tusculano;

   2.- Pedro, Vicecanciller de la Sede Apostólica, presbitero de Santa Anastasia
   3.- Pedro, diácono de Santa María la Nueva;

   y subordinados a ellos, y para las cosas que se han de hacer aquí en Italia, a los venerables
   1.- Padre Enrique, obispo brixiense
   2.- Alfonso, obispo firmanenese;
   3.- El noble señor caballero Gómez García, sobrino del cardenal,

   4.- Fernando Álvarez, abad de Valladolid, sobrino del cardenal,
   5.- Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo, tesorero y camarero del cardenal

   y para cumplir las cosas que se han de hacer en España, subordinadas a lo que dispongan los dichos cardenales, nombra a
   1.- Don Lope, arzobispo de Zaragoza;
   2.- Don Gómez arzobispo de Toledo;

   3.- A mi dicho camarero Alfonso Fernández y a
   4.- Martín Fernández, deán de Cuenca

   a los cuales - añade el Testamento en su penúltima clausula - instituyo por mis ejecutores, dándoles entera y libre potestad de ejecutar y de cumplir con mis bienes todas y cada una de las cosas contenidas en este testamento.

   En su lecho de muerte y en la "bastitta Belrepausi" añade la Prof. Berthe M. Marti en su op. cit. ut supra, p. 97 del Vol. XII, Tomo II, de los Studia Albornotiana, en relación a los ejecutores de su Testamento que designo a los siguientes:

   1.- Nicolò Cappocci, cardenal de Tusculum;
   2.- Pierre Roger, conde de Belfort, cardenal Bellifortis importante cambio pués además de ser cardenal diácono de Santa María la Nueva, era sobrino de Clemente VI y el 30 de diciembre de 1370, tras la muerte de Urbano V, fue elegido como papa en Avignon, donde fue consagrado y coronado el 5 de enero de 1371 con el nombre de Gregorio XI, el primer papa que muere ya en Roma, en marzo de 1378 y el que aprobaría, definitivamente, la reforma de los primeros Estatutos del Colegio entre 1375 y 1377, a los escasos diez años del fallecimiento del Fundador  y cuyos originales, indudablemente, fueron inspirados por él..... si no dictados, en alguna ocasión.
   3.- Guglielmo di Agrofoglio, con el título de Santa María en Trastevere, conocido como el cardenal de Zaragoza, quien reemplazó en el codicilo a Pedro de Monterruco, que se quedó en Avignon.
   4.- Aglic de Gimoard, obispo de Avignon en 1362, cardenal con el título de San Pedro en Vincoli, en 1366 y cardenal obispo de Albano, en 1367, que era hermano de Urabo V, y que fue Legado pontificio en los Estados Pontificios de 1367 a 1371

   El cardenal añadió como los ejecutores de su Testamento y los interpretes fiduciarios a sus dos sobrinos: Gómez García nobilis miles y a Fernando Álvarez abad de Valladolid y a Alfonso Fernández, su tesorero y camarlengo.

   No tenemos más que observar cómo se desarrolló la construcción del edificio y como se iniciaron los Estatutos, durante los dos  últimos años de vida de don Gil, y en los que estos tres últimos clérigos muy vinculados al cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, fueron los ejecutores, y cuyos nombramientos fueron reiterados en el importantísimo codicilo que en vísperas de su fallecimiento, tuvo la lucidez, la previsión, el coraje y la decidida voluntad de hacer.


   Este codicilo, se trata de un mensaje, de ultimo, pero de trascendental momento, en el que se procede a armar el "equipo albornociano" ante el cual ni nada ni nadie, se ha podido revelar., Tanto en el siglo XIV como en el XXI.....solo que ¡¡¡hay que encontrar las personas adecuadas!!!

   Todo ello, en su momento, será parte esencial de su propia personalidad, su espíritu y su decidido empeño, visionario, progresista y prospectivo de construir y dejar para la posteridad, un centro de estudios la Domus Yspanica de Educación para la Excelencia, en el que, con carácter esencialmente clerical pero laico, (no perteneciente a ninguna orden ni poder eclesiástico, lo que él mismo reitera, varias veces, en su Testamento y en sus primitivos Estatutos) en los términos religiosos en los que se vivía en pleno siglo XIV, sirviera también entonces para una Educación de excelencia en la Universidad de Bolonia, así como para la posteridad, con "la adaptación, al tiempo y a las personas", como bien dicen sus primeros y reformistas estatutos, para que siga siendo valida.....hasta en este Siglo XXI en el que tantas trasformaciones y adaptaciones, en el tiempo y en las personas, se han producido, se producen y se seguirán produciendo.


  Veamos solo muy ligeramente, su primeras exequias y el curso que fue tomando, en la historia el enterramiento, primero, en su amada basílica de San Francisco en Asís y en la capilla que él mismo había dedicado a Santa Clara.

  Posteriormente en 1371, se decidió el traslado de sus restos a Castilla, y por Bula del mismo Gregorio XI (que fue nombrado en su codicilo de 23 de agosto de 1367 como uno de los ejecutores de su Testamento) se concedió una indulgencia plenaria a todos los que colaboraran en el traslado de sus restos. Fue posiblemente la más imponente comitiva, que desde Asís se trasladó, a pie, hasta la catedral de Toledo. Se caminaba de día a hombros de personas nobles, y se descansaba de noche en las diversas iglesias del recorrido. En la frontera de la corona de Aragón con Francia, tuvo un recibimiento apoteósico, con la mayoría de los jerarcas eclesiásticos y muy nobles personas. Hasta el propio rey Enrique II de Trastamara, colaboró temporal y eficazmente en la comitiva.

   Llegados a la catedral de Toledo se depositaron sus huesos en la capilla de San Ildefonso, donde descansan hasta el día de hoy, en este maravilloso sarcófago que reproducimos a continuación. Es la parte superior del sarcófago que sigue estando impecablemente cuidado en la Capilla de San Ildefonso en la Catedral de Toledo de la que fue arzobispo Primado don Gil Álvarez de Albornoz y Luna durante casi más de 12 años.
   
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/bb/Sepulcro_del_cardenal_Gil_%C3%81varez_de_Albornoz_01.JPG/250px-Sepulcro_del_cardenal_Gil_%C3%81varez_de_Albornoz_01.JPG
Vista general de la tumba del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, que desde el 13 de mayo de 1338 al 17 de diciembre de 1350 fue arzobispo primado de la Diócesis de Toledo, en cuya catedral pidió, en su Testamento, que reposaran para siempre sus huesos.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3b/Gil_de_Albornoz._Miniatura_c%C3%B3dice_30,_fol._001r,_Real_Colegio_de_Espa%C3%B1a_en_Bolonia.jpg
Estas bellas imágenes recogen el momento en el que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, entrega simbólicamente al papa San Clemente I la capilla en su honor erigida, por su voluntad en su Testamento, lo que constituye el núcleo central de toda la Domus Yspanica, y en homenaje imperecedero a su recuerdo y a su permanente presencia.
  
http://fotos.miarroba.es/fo/32a8/2F513B68D9285102F0E32D5102D156.jpg
Vista lateral del magnífico mausoleo que se hizo construir el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, en su catedral de Toledo, de la que había sido durante 12 años su arzobispo primado.

    Son tres imágenes que denotan, casi al 100% la integridad, la excelencia de su vida, la capacidad de previsión, la imaginación y sobretodo, y con ello llegaremos, en su momento, a la personalidad y la obra imperecedera del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil Álvarez de Albornoz y Luna (y que no se nos diga, ¡¡¡ni por asomo!!! que repetimos en exceso sus títulos), porque no solo se los merece eternamente, sino que permanecen inalterados, imborrables y grabados en la vida de los siglos, del ser humano y del mas excelso hombre que vivió en el siglo más duro, más difícil y más complejo de todos los que ha tenido la humanidad, el siglo XIV, que con mucho sigue siendo todavía más complejo y desorbitado que lo que llevamos, ¡hasta ahora! vivido y andado ya en este siglo XXI global, interdependiente, intercomunicado, con muy serios enfrentamientos en las creencias (judeo/islámicas/cristianas), el incremento y la dispersión de las gentes migrantes, el envejecimiento de la población, la situación de la mujer y muchos más constantes retos que ponen a la sociedad en trance de desaparición o como mínimo de una enorme trasformación y/o desintegración.

   Por lo que a nosotros respecta; también en este siglo XXI, hay que REFORMAR LOS ESTATUTOS como se hizo en OCHO ocasiones anteriores, durante SIETE siglos y en estos casos específicos: En 1375/77; En 1485; En 1552; En 1538/58; En 1628; En 1876; En 1889 y En 1919.

   Con el agravante de que los últimos Estatutos han estado y están vigentes, durante casi más de un siglo, PERO SIEMPRE vigentes, desde el Real-Decreto de 20 de marzo de 1919, aun cuando quieran saltárselo para TODOS, una gran parte del contenido de su Art. 2º con un Comunicado de cinco de noviembre del 2014, de Iñigo de Arteaga y Martín, lo que tiene, aparte otras muchas, estas tres más destacadas y malhadadas connotaciones:

   La de su ilegalidad. Se trata de un "Comunicado" contra legem, y quizás con "abuso de autoridad" por lo que dicho "comuniqué" ¡¡¡¡no tiene el más mínimo valor legal ALGUNO!!!! aun con toda la "parafernalia" del previo, en un día, al ya tan referido "comunicado", de un Dictamen de Derecho Canónico y/o la no menor "parafernalia" de la Protocolización notarial de presencia y de manifestaciones, con la que se quiere revestir de una supuesta legalidad la intrínseca ilegalidad de todo lo actuado el pasado viernes 21 de noviembre, en la Asamblea ordinaria de la Asociación, convocada por carta firmada por su Presidente, Evelio Verdera y Tuells, de 1º de noviembre del 2014, al no atenerse a lo preceptuado en el contenido del Art. 10 de los Estatutos de la referida "Asociación Cardenal Albornoz" aprobados por la Asamblea General, en sesión celebrada el día 23 de noviembre de 1987 e igualmente vigentes.

   El gravísimo total desconocimiento y aplicación del contenido del siempre vigente y citado Real Decreto de 20 de marzo de 1919, y en especial ¡¡¡¡el de su Art. 2º!!!!! y....

   Todo ello y en el ínterin ¿cuál?... y a quid podres? para que JGGVyAV siga al "frente" del colegio, en un golpe de mano y de la nunca mejor usada palabra "frente" cuando no hay más que leer en su 5º párrafo, en la Wikipedia, el siguiente URL: http://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_Garc%C3%ADa_Valdecasas para comprender el "sui generismodus operandi" de todo este monumental y enorme desaguisado.

   Amparado especialmente en las tres fotografías anteriores, creo que voy a terminar... foro e ver & ever!!! el tema del Colegio, de los colegiales, de su Junta de Patronato y de todo lo que va a venir o de lo que ya está viniendo…en este complejo siglo XXI si no se llega a un consenso albornociano, ¡al que siempre se ha llegado en muchos siglos! por lo que, en caso contrario…. supondrá la desaparición de la Institución y.... su reconversión en un Instituto Secular Eclesiástico…una especie de ONG religiosa, con todos mis respetos para las ONG's existentes o por existir.
 



domingo, 7 de diciembre de 2014

   En muy poco tiempo tenemos que ir describiendo los últimos monumentos de nuestro fundador. Es una realidad incontestable que el papa que sucedió a Inocencio VI, Etienne Aubert, su Maestro en la Universidad de Toulouse y su gran confidente, el conflictivo papa Urbano V, Guillaume de Grimoard, fue la cruz y el martirio casi permanente de nuestro cardenal Albornoz, porque no solo Urbano V, miembro de la Orden de San Bernardo, elegido el 28 de septiembre de 1362, fue el primer papa de Avignon que volvió a Roma, gracias a todos los preparativos, desde 1353 del cardenal Albornoz, sino que traicionó la importante campaña final de don Gil, aliándose con el gran enemigo máximo de la Iglesia que desde la Lombardía era el tirano Visconti, y pactando a su vez con el incapaz cardenal Androin de la Roche, repito que pactando "la expulsión de Bolonia" del cardenal fundador y de su sobrino, lo que produjo el deseo de abandonar su puesto en Italia por parte de don Gil, postura que le impidió, a partir de enero de 1364, la profunda meditación de cómo debería dejar su huella de EDUCACION y de HISPANIDAD en Bolonia, como hemos señalado anteriormente, no solo con la creación de la Domus Hispánica, en su Testamento de 29 de septiembre de 1364, ya firmado en su residencia papal de Ancona, lugar habitual de su vida en sus últimos años italianos, sino, finalmente, con la creación de la Facultad de Teología en la Universidad de Bolonia, en aquel mismo "año mágico" para él y para todos nosotros, sus permanentes discípulos y "herederos universales" que fue el de 1364.


   No es pués de extrañar que si durante la propia vida del cardenal don Gil de Albornoz y Luna, fundador de la Domus Hispánica, se produjeron ya estas graves alteraciones en la vida y en las obras  del propio Fundador, no es de extrañar, repito, que a lo largo del desarrollo inalterable del edificio del Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia, entre sus alumnos, rectores de muy diversa calidad, iglesias y estados, tuvieran lugar conflictos, confrontaciones y hasta casi "excomuniones" que no son más que la triste y desgraciada condición del devenir humano, cuando no se tiene la altitud de miras y sobretodo la visión prospectiva del futuro, que únicamente el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz, no solo tuvo siempre presente, sino que en vísperas de su muerte en Viterbo y desde su mismo lecho mortal, previó las posibles causas de confrontación, disensión y alteraciones que se podían producir en el desarrollo, ejecución y aplicación de su Testamento de 29 de septiembre de 1364, y dictó por lo tanto el muy pensado también Codicilo, de 22 de agosto de 1367 que vamos a describir a continuación y por el que nombra, lo que su experiencia y últimos y precisos conocimientos de la realidad, en agosto de 1367, con el papa ya llegado desde Marsella al puerto de Corvino, y recibido por Albornoz al pie de la magnífica Flota naval que él mimo había preparado, desde su querida y siempre eficaz residencia en la capital de las Marcas en Ancona.

   Este Codicilo, y el fallecimiento y posteriores actos de sepelio de nuestro Fundador, vamos a tratar de describirlos con la brevedad de la que seamos capaces, para entrar ya finalmente en los inicios del funcionamiento del Colegio de San Clemente de los Españoles y de los Estatutos que lo rigen, y que, a pesar de las difíciles y complejas evoluciones de la Europa medieval, renacentista, modernista y contemporánea, pueden irse adaptando, pero no variando ¡¡¡JAMÁS!!! el carácter permanente de una Fundación albornociana, a la que, en el último de los postas de este análisis, lo más detallado que hemos sido capaces de realizar, pondrá punto final, quizás a las contiendas actuales, incoadas en el mes de noviembre desde la misma Web de bolonios.it a la que no queremos referirnos más en estos momentos, en los que seguimos relatando los últimos días, mejor dicho, el ultimo día antes del paso a la presencia de Dios de don Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna (como se le conocía en Italia) a nuestro egregio, sabio y santo Fundador y Mantenedor, a lo largo de casi siete siglos de un obra Educativa, Formativa y Auto-mantenida, como no existe, ni ha existido, ni existirá ninguna semejante en el mundo.

   Pero no hay que dejar de olvidar que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, sabía perfectamente que en la aplicación de su Testamento, lo más importante eran sin duda los Albaceas a los que dedica en el texto sellado, finado y con los debidos testigos, del tantas veces ya citado 29 de septiembre de 1364, en su penúltima y última clausula en la que se refiere taxativa y expresamente al Nombramiento de Albaceas y a los Testigos, que son por este orden los siguientes:

   Albaceas del Testamento dictado por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, cuando dice textualmente que "Y para ejecutar todas y cada una de las sobredichas cosas conforme a mi voluntad, nombro albaceas a los reverendos en Cristo, padres, mis señores los sobredichos cardenales por la divina providencia: Nicolás, obispo tusculano; Pedro, vicecanciller de la Sede Apostólica, presbítero de Santa Anastasia, y a Pedro, diácono de Santa María la Nueva; y subordinados a ellos, y para las cosas que se han de hacer aquí en Italia, a los venerables padres Enrique, obispo brixiense, y Alfonso, obispo firmanenese; al noble señor caballero Gómez García y a Fernando Álvarez, abad de Valladolid, mis sobrinos y a Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo, mi camarero sobredicho; y para cumplir las cosas que se han de hacer en España, subordinadas a lo que dispongan los dichos cardenales, nombro a don Lope, arzobispo de Zaragoza; a don Gómez arzobispo de Toledo; a mi dicho camarero; y a Martín Fernández deán de Cuenca, a los cuales instituyo por mis ejecutores, dándoles entera y libre potestad de ejecutar y de cumplir con mis bienes todas y cada una de las cosas contenidas en este testamento.


   Los Testigos, continua textualmente la última cláusula del ya tan citado testamento de 29 de septiembre de 1364, que: Todo lo cual tuvo lugar en la fortaleza papal, también llamada de San Cataldo, de la ciudad de Ancona, en la Cámara alta secreta de dicho señor Legado, en el año, indicción y pontificado sobredichos, estando presentes los reverendos en Cristo padres señores don Enrique, obispo brixiense, y Alfonso, obispo firmanenese, y Juan de Marmano, abad de Santa María de Suria, de la diócesis nurcenense; y los venerables varones don Juan de Sena, licenciado en Derecho civil y Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo; y pedro Alfonso, arcediano de Calatrava en la iglesia de Toledo; y Sancho Sánchez, canónigo de Segovia, testigos rogados y llamados para las cosas sobredichas.

   Es un total de Albaceas compuesto por 3 cardenales, y "subordinados a ellos" para las cosas que se han de hacer aquí en Italia a 2 obispos y 2 sobrinos y 1 tesorero/su/camarero "y para cumplir las cosas que se han de hacer en España" igualmente subordinados a lo que dispongan los dichos cardenales, a 2 arzobispo (Zaragoza y Toledo) a su dicho camarero y a 1 deán (el de Cuenca).

   Hay que reconocer, expresado vulgarmente, que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, "hilar muy fino" en su nombramiento de Albaceas, porque sabía que la ejecución de todas sus disposiciones testamentarias, podrían producir conflictos, contradicciones y aun reyertas (como ocurre hoy a partir de noviembre del 2014) y él lo que quería es que se llevaran a cabo sus disposiciones testamentarias tal y cual las deseaba.

   Los conflictos/contradicciones/reyertas, son pues PREVISTAS desde el mismo momento de dictar, firmar y hacer vigente su testamento, por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, nuestro venerable, inteligente, prospectivo e iluminado don Gil de Albornoz y Luna.

   Así pués como no deja de pasar el tiempo, cuando en la bastita Belrepausi de Viterbo, donde dolía nuestro don Gil gravemente enfermo, mientras el papa Urbano V le esperaba para entrar "triunfalmente" en Roma, cosa que nunca ocurrió por el fallecimiento del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, el 23/24 de agosto de 1367, y habían trascurrido exactamente 2 años. 10 meses y 6 días desde la firma de sus Testamento el 29 de septiembre de 1364, tuvo tiempo don Gil de meditar, una vez más con la reflexión y lucidez que le caracterizaba, que había algún Albacea que debía cambiar y dictó su muy famoso
Codicilo, la víspera de entregar su alma al Dios que le había creado para el bien de su Iglesia y de sus españoles, aunque viviera los últimos 17 años de vida fuera de su Castilla/Aragón queridas, pero siempre viendo ya la constitución de un Reino de España, al que dedicó y consiguió que sobreviviera hasta el día de hoy - a pesar de los conflictos que tenemos actualmente y que describiremos en su momento - su Domus Hispana.

   Su tránsito se produjo entre los días del 23 al 24, se fija en las crónicas de sus sobrinos que fue en torno a las 4 de la madrugada y como había dispuesto, su huesos - hasta que terminara la persecución del rey de Castilla contra su linaje - fueron depositados, con toda solemnidad, en la capilla de Santa Catalina en la Basílica de Asís que él había mando construir exprofeso, como homenaje a su devoción franciscana, y como previsible lugar de un rápido enterramiento tras su fallecimiento en Italia. La muerte de Pedro I el Cruel, y el advenimiento de su hermanastro Enrique de Trastamara, inició uno de los más largos y píos cortejos de traslado del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, desde Asís a la capilla, que él también tenía ya preparada de San Idelfonso, en su catedral primada de Toledo, en una varadera procesión desde Asís hasta Toledo, a hombros de fieles creyentes que solo se reposaban al anochecer, cuando le dejaban "descansar" en las correspondientes capillas en el curso del largo trayecto, para cuya peregrinación el papa Urbano V concedió una bula de especial indulgencia, lo que llevó, hasta al mismo rey de Castilla a "arrimar el hombro" en esta sacrosanta, impresionante y humildemente gloriosa procesión del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina a su diócesis primada en donde reposa desde hace 647 años.

   Pero al poco tiempo de su muerte, ya hubo necesidad de aplicar su
Codicilo de 23 de agosto de 1367  el que alteraba ciertos términos de los Albaceas nombrados y citados anteriormente en su testamento de 29 de septiembre de 1364.

   El
Codicilo dice textualmente así, y es una visión, como siempre, de la prospectiva previsión de nuestro cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, de los conflictos que se podían producir en la aplicación de sus disposiciones testamentarias, que como veremos más adelante no tardaron en producirse, solo a los dos años de funcionamiento ya del Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia.

   En el ya tan citado
Codicilo la mayoría de las disposiciones testamentarias no fueron alteradas, en especial la que hacia al Colegio de España su Domus Hispánica como heredero universal del residuo de sus legados.

   Recodemos que los ejecutores de su Testamento eran Nicolò Cappoci, cardenal obispo de Tusculum; Pierre Roger, conde de Belfort, conocido también como el cardenal Belfortis, el cardenal Diácono con el título de Santa María Nova en 1348, que era sobrino de Clemente VI y que el 30 de diciembre de 1370 fue elegido papa como Gregorio XI y coronado el 5 de enero de 1371 quien falleció en Roma en marzo de 1378; Guiglielmo de Argofoglio, con el título de Santa María en Trastevere, conocido como el cardenal de Zaragoza, que fue nombrado en el codicilo para reemplazar a Pedro de Monterucco que se quedó a vivir en Avignon; y (sobre todo, esto lo decimos nosotros) a Anglic Grimoard, obispo de Avignon en 1362, cardenal con el título de San Pedro in Vincoli en 1366 y cardenal obispo de Albano en 1367. Era hermano de Urbano V quien enseguida le nombró, en sustitución del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna, como Legado papal en los Estados pontificios de 1367 a 1371. Pero además a título de sus ejecutores y sus fiduciarios, así como sus intérpretes de su Testamento, por lo que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, añadió a todos estos prelados
a sus dos sobrinos Gómez García, nobiles miles, Fernando Álvarez abad de Valladolid y Alfonso Fernández, tesorero de la catedral de Toledo y su camarero.  (Los tres fieles ejecutores que tuvieron que lidiar con las primeras disputas que como hoy en día, ayer y antes de ayer, se han ido provocando en la Domus Hispánica en el trascurso de más de seis siglos, y que serán superadas sin DUDA DE NINGUNA CLASE, pues el Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia sigue y seguirá existiendo, mientras cuente con una protección tan excelsa y demostrada, hasta momentos antes de su muerte por el cardenal presbitero de san Clemente y obispo de Sabina don Gil de Albornoz y Luna, a cuyo tristes y conflictivos temas nos vamos a tener que referir, junto al inicio del funcionamiento de la Domus Hispánica, y sus Estatutos, en ulteriores posts en este ya tan viejo blog.

viernes, 26 de agosto de 2016

    En muy poco tiempo tenemos que ir describiendo los últimos momentos de nuestro Fundador. Es una realidad incontestable que el papa que sucedió a Inocencio VI, Etienne Aubert, su Maestro en la Universidad de Toulouse y su gran confidente, el conflictivo papa Urbano V, Guillaume de Grimoard, fue la cruz y el martirio casi permanente de nuestro cardenal Albornoz, porque no solo Urbano V, miembro de la Orden de San Bernardo, elegido el 28 de septiembre de 1362, fue el primer papa de Avignon que volvió a Roma, gracias a todos los preparativos, desde 1353 del cardenal Albornoz, sino que traicionó la importante campaña final de don Gil, aliándose con el gran enemigo máximo de la Iglesia que desde la Lombardía era el tirano Visconti, y pactando a su vez con el incapaz cardenal Androin de la Roche, repito que pactando "la expulsión de Bolonia" del cardenal fundador y de su sobrino, lo que produjo el deseo de abandonar su puesto en Italia por parte de don Gil, postura que le impidió, a partir de enero de 1364, la profunda meditación de cómo debería dejar su huella de EDUCACION y de HISPANIDAD en Bolonia, como hemos señalado anteriormente, no solo con la creación de la Domus Hispánica, en su Testamento de 29 de septiembre de 1364, ya firmado en su residencia papal de Ancona, lugar habitual de su vida en sus últimos años italianos, sino, finalmente, con la creación de la Facultad de Teología en la Universidad de Bolonia, en aquel mismo "año mágico" para él y para todos nosotros, sus permanentes discípulos y "herederos universales" que fue su Testamento de 1364.


   No es pués de extrañar que si durante la propia vida del cardenal don Gil de Albornoz y Luna, fundador de la Domus Hispánica, se produjeron ya estas graves alteraciones en la vida y en las obras  del propio Fundador, no es de extrañar, repito, que a lo largo del desarrollo inalterable del edificio del Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia, entre sus alumnos, rectores de muy diversa calidad, iglesias y estados, tuvieran lugar conflictos, confrontaciones y hasta casi "excomuniones" que no son más que la triste y desgraciada condición del devenir humano, cuando no se tiene la altitud de miras y sobretodo la visión prospectiva del futuro, que únicamente el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz, tuvo siempre presente, sino que además y ya en vísperas de su muerte en Viterbo y desde su mismo lecho mortal, previó las posibles causas de confrontación, disensión y alteraciones que se podían producir en el desarrollo, ejecución y aplicación de su Testamento de 29 de septiembre de 1364, y dictó por lo tanto el muy pensado también Codicilo, de 22 de agosto de 1367 que vamos a describir a continuación y por el que nombra, lo que su experiencia y últimos y precisos conocimientos de la realidad, en agosto de 1367, con el papa ya llegado desde Marsella al puerto de Corvino, y recibido por Albornoz al pie de la magnífica Flota naval que él mimo había preparado, desde su querida y siempre eficaz residencia en la capital de las Marcas en Ancona.

   Este Codicilo, el fallecimiento y posteriores actos de sepelio de nuestro Fundador, vamos a tratar de describirlos con la brevedad de la que seamos capaces, para entrar ya finalmente en los inicios del funcionamiento del Colegio de San Clemente de los Españoles y de los Estatutos que lo rigen, y que, a pesar de las difíciles y complejas evoluciones de la Europa medieval, renacentista, modernista y contemporánea, pueden irse adaptando, pero no variando ¡¡¡JAMÁS!!! el carácter permanente de una Fundación albornociana, a la que, en el último de los posts de este análisis, lo más detallado que hemos sido capaces de realizar, pondrá punto final, quizás a las contiendas actuales, incoadas en el mes de noviembre desde la misma Web de bolonios.it a la que no queremos referirnos más en estos momentos, en los que seguimos relatando los últimos días, mejor dicho, el ultimo día antes del paso a la presencia de Dios de don Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna (como se le conocía en Italia) a nuestro egregio, sabio y santo Fundador y Mantenedor, a lo largo de casi siete siglos de un obra Educativa, Formativa y Auto-mantenida, como no existe, ni ha existido, ni existirá ninguna semejante en el mundo.

   Pero no hay que dejar de olvidar que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, sabía perfectamente que en la aplicación de su Testamento, lo más importante eran sin duda los Albaceas a los que dedica en el texto sellado, finado y con los debidos testigos, del tantas veces ya citado 29 de septiembre de 1364, en su penúltima y última clausula en la que se refiere taxativa y expresamente al Nombramiento de Albaceas y a los Testigos, que son por este orden los siguientes:

   Albaceas del Testamento dictado por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, cuando dice textualmente que "Y para ejecutar todas y cada una de las sobredichas cosas conforme a mi voluntad, nombro albaceas a los reverendos en Cristo, padres, mis señores los sobredichos cardenales por la divina providencia: Nicolás, obispo tusculano; Pedro, vicecanciller de la Sede Apostólica, presbítero de Santa Anastasia, y a Pedro, diácono de Santa María la Nueva; y subordinados a ellos, y para las cosas que se han de hacer aquí en Italia, a los venerables padres Enrique, obispo brixiense, y Alfonso, obispo firmanenese; al noble señor caballero Gómez García y a Fernando Álvarez, abad de Valladolid, mis sobrinos y a Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo, mi camarero sobredicho; y para cumplir las cosas que se han de hacer en España, subordinadas a lo que dispongan los dichos cardenales, nombro a don Lope, arzobispo de Zaragoza; a don Gómez arzobispo de Toledo; a mi dicho camarero; y a Martín Fernández deán de Cuenca, a los cuales instituyo por mis ejecutores, dándoles entera y libre potestad de ejecutar y de cumplir con mis bienes todas y cada una de las cosas contenidas en este testamento".


   Los Testigos, continua textualmente la última cláusula del ya tan citado testamento de 29 de septiembre de 1364, que: "Todo lo cual tuvo lugar en la fortaleza papal, también llamada de San Cataldo, de la ciudad de Ancona, en la Cámara alta secreta de dicho señor Legado, en el año, indicción y pontificado sobredichos, estando presentes los reverendos en Cristo padres señores don Enrique, obispo brixiense, y Alfonso, obispo firmanenese, y Juan de Marmano, abad de Santa María de Suria, de la diócesis nurcenense; y los venerables varones don Juan de Sena, licenciado en Derecho civil y Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo; y pedro Alfonso, arcediano de Calatrava en la iglesia de Toledo; y Sancho Sánchez, canónigo de Segovia, testigos rogados y llamados para las cosas sobredichas".

   Es un total de Albaceas compuesto por 3 cardenales, y "subordinados a ellos" para las cosas que se han de hacer aquí en Italia a 2 obispos y 2 sobrinos y 1 tesorero/su/camarero "y para cumplir las cosas que se han de hacer en España" igualmente subordinados a lo que dispongan los dichos cardenales, a 2 arzobispo (Zaragoza y Toledo) a su dicho camarero y a 1 deán (el de Cuenca).

   Hay que reconocer, expresado vulgarmente, que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, "hilar muy fino" en su nombramiento de Albaceas, porque sabía que la ejecución de todas sus disposiciones testamentarias, podrían producir conflictos, contradicciones y aun reyertas (como ocurre hoy a partir de noviembre del 2014) y él lo que quería es que se llevaran a cabo sus disposiciones testamentarias tal y cual las deseaba.

   Los conflictos/contradicciones/reyertas, son pues PREVISTAS desde el mismo momento de dictar, firmar y hacer vigente su testamento, por el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, nuestro venerable, inteligente, prospectivo e iluminado don Gil de Albornoz y Luna.

   Así pués como no deja de pasar el tiempo, cuando en la bastita Belrepausi de Viterbo, donde dolía nuestro don Gil gravemente enfermo, mientras el papa Urbano V le esperaba para entrar "triunfalmente" en Roma, cosa que nunca ocurrió por el fallecimiento del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, el 23/24 de agosto de 1367, y habían trascurrido exactamente 2 años. 10 meses y 6 días desde la firma de sus Testamento el 29 de septiembre de 1364, tuvo tiempo don Gil de meditar, una vez más con la reflexión y lucidez que le caracterizaba, que había algún Albacea que debía cambiar y dictó su muy famoso
Codicilo, la víspera de entregar su alma al Dios que le había creado para el bien de su Iglesia y de sus españoles, aunque viviera los últimos 17 años de vida fuera de su Castilla/Aragón queridas, pero siempre viendo ya la constitución de un Reino de España, al que dedicó y consiguió que sobreviviera hasta el día de hoy - a pesar de los conflictos que tenemos actualmente y que describiremos en su momento - su Domus Hispana.

   Su tránsito se produjo entre los días del 23 al 24, se fija en las crónicas de sus sobrinos que fue en torno a las 4 de la madrugada y como había dispuesto, su huesos - hasta que terminara la persecución del rey de Castilla contra su linaje - fueron depositados, con toda solemnidad, en la capilla de Santa Catalina en la Basílica de Asís que él había mando construir exprofeso, como homenaje a su devoción franciscana, y como previsible lugar de un rápido enterramiento tras su fallecimiento en Italia. La muerte de Pedro I el Cruel, y el advenimiento de su hermanastro Enrique de Trastamara, inició uno de los más largos y píos cortejos de traslado del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, desde Asís a la capilla, que él también tenía ya preparada de San Idelfonso, en su catedral primada de Toledo, en una varadera procesión desde Asís hasta Toledo, a hombros de fieles creyentes que solo se reposaban al anochecer, cuando le dejaban "descansar" en las correspondientes capillas en el curso del largo trayecto, para cuya peregrinación el papa Urbano V concedió una bula de especial indulgencia, lo que llevó, hasta al mismo rey de Castilla a "arrimar el hombro" en esta sacrosanta, impresionante y humildemente gloriosa procesión del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina a su diócesis primada en donde reposa desde hace 647 años.

   Pero al poco tiempo de su muerte, ya hubo necesidad de aplicar su
Codicilo de 23 de agosto de 1367  el que alteraba ciertos términos de los Albaceas nombrados y citados anteriormente en su testamento de 29 de septiembre de 1364.

   El
Codicilo dice textualmente así, y es una visión, como siempre, de la prospectiva previsión de nuestro cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, don Gil de Albornoz y Luna, de los conflictos que se podían producir en la aplicación de sus disposiciones testamentarias, que como veremos más adelante no tardaron en producirse, solo a los dos años de funcionamiento ya del Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia.

   En el ya tan citado
Codicilo la mayoría de las disposiciones testamentarias no fueron alteradas, en especial la que hacia al Colegio de España su Domus Hispánica como heredero universal del residuo de sus legados.

   Recodemos que los ejecutores de su Testamento eran Nicolò Cappoci, cardenal obispo de Tusculum; Pierre Roger, conde de Belfort, conocido también como el cardenal Belfortis, el cardenal Diácono con el título de Santa María Nova en 1348, que era sobrino de Clemente VI y que el 30 de diciembre de 1370 fue elegido papa como Gregorio XI y coronado el 5 de enero de 1371 quien falleció en Roma en marzo de 1378; Guiglielmo de Argofoglio, con el título de Santa María en Trastevere, conocido como el cardenal de Zaragoza, que fue nombrado en el codicilo para reemplazar a Pedro de Monterucco que se quedó a vivir en Avignon; y (sobre todo, esto lo decimos nosotros) a Anglic Grimoard, obispo de Avignon en 1362, cardenal con el título de San Pedro in Vincoli en 1366 y cardenal obispo de Albano en 1367. Era hermano de Urbano V quien enseguida le nombró, en sustitución del cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, Gil Egidio Carrillo de Albornoz y Luna, como Legado papal en los Estados pontificios de 1367 a 1371. Pero además a título de sus ejecutores y sus fiduciarios, así como sus intérpretes de su Testamento, por lo que el cardenal presbitero de San Clemente y obispo de Sabina, añadió a todos estos prelados
a sus dos sobrinos Gómez García, nobiles miles, Fernando Álvarez abad de Valladolid y Alfonso Fernández, tesorero de la catedral de Toledo y su camarero.  (Los tres fieles ejecutores que tuvieron que lidiar con las primeras disputas que como hoy en día, ayer y antes de ayer, se han ido provocando en la Domus Hispánica en el trascurso de más de seis siglos, y que serán superadas sin DUDA DE NINGUNA CLASE, pues el Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia sigue y seguirá existiendo, mientras cuente con una protección tan excelsa y demostrada, hasta momentos antes de su muerte por el cardenal presbitero de san Clemente y obispo de Sabina don Gil de Albornoz y Luna, a cuyo tristes y conflictivos temas nos vamos a tener que referir, junto al inicio del funcionamiento de la Domus Hispánica, y sus Estatutos, en ulteriores posts en este ya tan viejo blog.

martes, 21 de abril de 2015

   Queremos advertir que nos detenemos un poco más, no solo en el contenido de cada uno de los primeros Estatutos de la Casa de los españoles, sino también en los documentos que los introducen, especialmente en la Carta del obispo de Cuenca, Pedro Gómez Barroso de Toledo, porque la redacción de estos primeros Estatutos, fue hecha por tres de las personas que más cercanas estaban del Cardenal Albornoz, que procedieron a ejecutar las obras del edificio, que residieron mas de dos años en Bolonia para llevarlas a cabo, como manda el Cardenal en su Testamento del 29 de septiembre de 1364, y que tuvieron la inspiración directa del propio Don Gil, del modo en el que se debían redactar las normas para vivir, convivir y estudiar en la Domus Hispánica.


   No hay duda de que Pedro, Obispo de Cuenca, Fernando Álvarez de Albornoz, sobrino del cardenal y arzobispo de Sevilla, así como Alfonso Fernández, archidiácono de Toledo y camarero del Cardenal Albornoz, no son solo sus tres hombres de la máxima confianza, que cita reiteradamente en su ya conocido Testamento, sino que la persona del papa Gregorio XI, es también un hombre muy próximo al Cardenal Albornoz, y a quien nombra específicamente en su Codicilo, como hemos visto con detalle anteriormente, hecho en vísperas de su fallecimiento.

   Son pués, repito, las tres o cuatro personas que más han conocido, vivido y expresado la voluntad del fundador de la Domus Hispánica, y por ello la redacción, a la que tanta extensión y atención estamos prestando, es para poder recoger el espíritu de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, cardenal presbitero de San Clemente, Legado a latere y Vicario pontificio en Italia.

   Con posterioridad, y lo decimos muy rápidamente, pero es inevitable señalarlo ahora para una mayor comprensión, claridad y conocimiento de las regulaciones a las que viene sometido el Real Colegio de los españoles en Bolonia, (por demandarlo la naturaleza de los tiempos y la condición de los hombres que cada día cambian), hay otras regulaciones Estatutarias, que ya hemos mencionado en el proyecto de trabajo del colegial albornociano y Embajador, Dámaso de Lario (cuya obra "Norma, control y poder" es preciso que se inicie inmediatamente) pero a la que queremos referirnos, un instante en la actualidad, para conocer cuál es la relación de los Estatutos que rigen y han regulado la Casa de los españoles en Bolonia, aparte de estos del Siglo XIV de 1375-1377, que estamos analizando y que son los siguientes:

   1º El del Siglo XV: 1485.
   2º Los del Siglo XVI: 1522 y 1538/58.
   3º Los del Siglo XVII: 1628 y 1648.
   4º Los del Siglo XIX: 1876 y 1889
   5º Y finalmente los del pasado Siglo XX, actualmente vigentes, y originados, como hemos dicho, en el RD. de 8 de mayo de 1916 del Secretario de Estado Amalio Gimeno y corregidos el 20 de marzo de 1919, en el RD del Secretario de Estado Álvaro de Figuero, y ambos refrendados por SM. Alfonso XIII.

   Este es el conjunto normativo, y no hay más.

   Pero, anticipándonos en el desarrollo del trabajo que vamos realizando, cada Estatuto responde a un momento histórico distinto, pero todos, a su manera, recogen el espíritu del fundador, que sus tres hombres confianza, repetimos Pedro, obispo de Cuenca, Fernando, arzobispo de Sevilla y Alfonso, archidiácono de Toledo y camarero del Cardenal, los tres más cercanos a Don Gil y bajo el mandato de Gregorio XI, Pierre Roger de Beaufort, que fue nombrado como ejecutor de su Testamento por el Cardenal Albornoz en el citado Codicilo, en vísperas de su fallecimiento, son los que pueden trasmitirnos con mayor nitidez, que es y cómo era lo que se hizo y se continua en la obra del fundador del Real Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia.


   Lo que queremos señalar es que, sin lugar a dudas, los precedentes más inmediatos en la regulación de la Domus Hispánica, se encuentran recogidos, en el fondo y en la forma, en estos de 1375-1377 que estamos analizando, con el mayor de los detalles de que somos capaces, y a los que estamos dedicando varios de los post de esta obra "La vida, las obras y el espíritu del cardenal don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, ca. 1303-1367" para extraer el "espíritu" que los circunda y que se recogen por las personas más íntimas y los ejecutores de la voluntad de nuestro imborrable, inolvidable y siempre permanente fundador.

   Veamos unos aspectos más, en la impecable traducción del colegial y Prof. José Luis Moralejo, antes de entrar, uno por uno, en los 61 y dos finales Estatutos, que componen esta versión primera de los varios (unos 8 diferentes Estatutos) por los que ha atravesado el Real Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia.

   En la Bula de comisión para dar forma a los estatutos infrascritos de Gregorio XI, el papa expresa al citado "y venerable hermano Pedro, obispo de Cuenca, estante en la ciudad de Fermo" especialmente en los dos siguientes párrafos, a nuestro parecer importantes, en la búsqueda del espíritu de la Domus Hispánica y que dicen así:


   "Con frecuencia la vigilante providencia de la Sede Apostólica los ordenamientos y estatutos que encuentra que necesitan de alguna reforma por el cambio de los tiempos, según la condición del tiempo y la calidad de las personas los corrige y reforma según conviene" Y esto, solo a los escasos 6 a 8 años de su primer redacción, al abrirse el Colegio de los españoles en 1369.

  Pero hay más, "pués bien, hace poco nos fue expuesto reverentemente por parte de los queridos hijos rector y estudiantes del colegio fundado en nuestra ciudad de Bolonia por Gil, obispo Sabinense, de buena memoria, que, para el buen gobierno y disposición del mismo han de reformarse necesariamente en varios puntos e incluso corregidos los estatutos de dicho colegio, los cuales, aunque en el tiempo en que fueron publicados parecían útiles y necesarios, pueden, sin embargo, cambiarse para mejor razón del cambio de los tiempos" (que es prácticamente lo que recoge textualmente Pedro obispo de Cuenca, en carta antedicha) y continua el pontífice Gregorio XI, "Por el tenor de las presentes te encargamos y mandamos que veas esos estatutos y los examines con diligencia y que por lo que de ellos veas que precisa de corrección y reforma, con nuestra autoridad, según la prudencia que el Señor te ha dado, en cuanto lo exija la situación de los tiempos y la condición de la persona (una vez más es reiterado este mismo concepto) los corrijas y reformes y estos estatutos corregidos y reformados con la autoridad antedicha hagas y mandes que se observen de manera inviolable, sin que sean obstáculos los juramentos prestados de observar los anteriores estatutos ni cualesquiera las confirmaciones o constituciones apostólicas contrarias".

   Es materialmente imposible que el papa Gregorio XI pudiera ser más claro, contundente, reiterativo y acorde con "la situación de los tiempos y la condición de la persona" que recoge fielmente, en su citada carta a Pedro obispo de Cuenca, en la que manifiesta la necesidad, como hemos visto en la corta relación de los ocho Estatutos citados anteriormente, que los Estatutos que rigen la vida, y recogen sobretodo el espíritu de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, obispo de Sabina, cardenal presbitero de San Clemente, Legado a latere y Vicario apostólico en Italia, no solo quiso, sino que expresó, verbal y quizás por escrito, a sus tres más íntimos colaboradores y ejecutores de su proyecto, de lograr un centro de educación de excelencia (dicho en lenguaje actual) para sus españoles y portugueses pobres, que aún sigue funcionando, gracias a las modificaciones, "por la situación de los tiempos y la condición de la persona" algunas hoy, al parecer extrañas, como extraños nos parecen algunos periodos históricos a lo largo de sus casi siete siglos de existencia, pero en cuyo tema ni podemos ni queremos entrar, aun que se reflejan, alguno de ellos, en los últimos Estatutos refrendados por SM. el Rey Alfonso XIII, los de 1916 y 1919, que han dado una estructura más moderna a la Junta de Patronato y la vida colegial, pero que, al parecer, ya han dado todo lo que debían dar de sí, y aunque han construido, repito, una estructura de gobierno más acorde con "la situación de los tiempos y la condición de la persona" al Real Colegio de San Clemente de los españoles en Bolonia, en vista a la situación creada, en torno a la última conmemoración de San Clemente, del pasado 21 de noviembre del 2014 y a partir de las cartas colectivas al rector, de 27 de octubre, el dictamen del 3 de noviembre, el comunicado de 5 de noviembre, la protocolización notarial de 27 de noviembre y el último comunicado de 16 de marzo (en cuyos contenidos no entramos por pudor y por el conocimiento generalizado de todos los colegiales) se ha creado un "impasse" en la necesaria y "precisa corrección y reforma" a la que se refería ya la autoridad entonces competente, el papa Gregorio XI, solo, repetimos, a los 8 o 6 años de los Estatutos iniciales.


   Y finalmente, llegados a este punto, nos preguntamos: ¿No es necesaria, tras casi 100 años de vigencia de los últimos Estatutos de 1919, una precisa corrección y reforma por el cambio de los tiempos, según la condición del tiempo y la calidad de las personas para que se corrijan y reformen según conviene?". Cómo puede hacerse esta reforma, en estos momentos, es cuestión que trataremos de ir elaborando y concretando a lo largo de estos, ya demasiado numerosos y largos posts. Pero, coincidiendo hoy con la clausura del Congreso celebrativo del Colegio en la Historia el Arte, no podemos menos de pensar, muy seriamente, que el Arte se enmarca también no solo en la historia, sino en el presente, y que como decía Heidegger, "Vegangenheit und Zukunft sind gegenvärtig oder wirken auf die Gegenwart" o como precisa el vasco universal Eduardo Chillada, "Que el pasado y el futuro son contemporáneos" y que reformar los actuales Estatutos, sin perder el pasado, en absoluto, pero con la vista siempre puesta en el mundo que viene,  que en gran parte ya está aquí....es la clave de la necesaria reforma estatutaria y todo ello para lograr la sobrevivencia de la Domus Hispánica y aumentar aún más la pujanza de una Institución tan respetada, amada, estimada y apreciada en el mundo de la cultural, de la educación y de la prácticas humanas profesional e individualmente personales.

lunes, 3 de febrero de 2014

   Aunque confieso que no me faltan ganas de hacer los pertinentes comentarios a las cláusulas que venimos trascribiendo del Testamento del cardenal Don Gil de Albornoz y Luna, creo que debo trascribir antes y por completo el citado Testamento, base de muchos de los hechos que se han sucedido hasta el momento, y que requieren las citadas explicaciones y no menos aun las confirmaciones de muchos hechos, especialmente educativos y culturales, que son los que más nos interesan no solo por comentar, sino especialmente por descifrar a la luz de los tiempos actuales, ya en el Siglo XXI en el que vamos andando, con cierta confusión, sus primeros años y en los que los pensamientos y las decisiones, de hace casi siete siglos de Don Gil, nos pueden ayudar como luz clarificadora y como camino a recorrer, en los momentos en los que escribimos este blog.

   Cláusula 47:

   Y para ejecutar todas y cada una de las sobredichas cosas conforme a mi voluntad nombro albaceas a los reverendos en Cristo, padres, mis señores los sobredichos cardenales por la divina providencia: Nicolás, obispo tusculano; Pedro, vicecanciller de la Sede Apostólica, presbiterio de Santa Anastasia y a Pedro, diácono de Santa María la Nueva; y subordinados a ellos, y para las cosas que se han de hacer aquí en Italia, a los venerables padres Enrique, obispo brixinense, y Alfonso, obispo firmanenese; al noble señor caballero Gómez García y a Fernando Álvarez, abad de Valladolid, mis sobrinos, y a Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo, mi camarero sobredicho; y para cumplir las cosas que se han de hacer en España, subordinadas a lo que dispongan los dichos cardenales, nombro a don Lope, arzobispo de Zaragoza; a don Gómez, arzobispo de Toledo; a mi dicho camarero, y a Martín Fernández, deán de Cuenca, a los cuales instituyo por mis ejecutores, dándoles entera y libre potestad de ejecutar y de cumplir con mis bienes todas y cada una de las cosas contenidas en este testamento.

   
Cláusula 48:


    Esto afirmo y quiero que sea mi última voluntad, la cual deseo que valga de ahora para siempre como testamento, o como codicilo, o como cualquier otras expresión de aquélla. Y revoco todo otro cualquier testamento, codicilo última voluntad que hasta ahora haya hecho u ordenado en cualquier forma o significación textual, aunque en sus palabras se insertasen cláusulas de derogación, lo cual quiero que aquí sea aducido para tenerlo por expresa y especialmente anulado de todo punto por este mi testamento y última voluntad...Y requiero y ruego al notario infrascrito que haga uno, dos o tres instrumentos públicos, y aún más si fuere menester, donde consten todas las cosas sobredichas. Y mando y quiero que tales instrumentos sean sellado con sello colgado.

    Cláusula 49:

    Todo lo cual tuvo lugar en la fortaleza papal, también llamada de San Cataldo, de la ciudad de Ancona, en la Cámara alta secreta de dicho señor Legado, en el años, indicción y pontificado sobredichos, estando presentes los reverendos en Cristo padres señores Enrique, obispo brixinense, y Alfonso, obispo firmanenese, y Juan de Marmano, abad de Santa María de Sutria, de la diócesis nurcenense, y los venerables varones don Juan de Sena, licenciado en Derecho civil y Alfonso Fernández, tesorero de la iglesia de Toledo; y Pedro Alfonso Fernández, arcediano de Segovia, testigos rogados y llamados para las cosas sobredichas.

    Cláusula 50:

    Y yo, Fernando Gómez de Pastrana, clérigo de la diócesis de Toledo, notario público por la autoridad apostólica e imperial, fui presente a todas las sobredichas cosas y a cada una de ellas, juntamente con los testigos, al tiempo y sazón que el sobredicho reverendísimo padre y señor cardenal don Gil fueron ordenadas todas y cada una de estas cosas. En testimonio de lo cual, rogado y requerido, lo escribí fielmente con mi propia mano, y lo publiqué y sellé con mi acostumbrado sello.

   Se trata, en su conjunto, de un Testamento compuesto por una media centena de cláusulas que establecen una distribución de los cuantiosos bienes del cardenal don Gil de Albornoz y Luna, cuyo Legado desde el siglo XIV nos llega hasta nuestros días, bien entendido que nuestro testamentario, se ocupó también con tanta lucidez como empeño, en las tres siguientes y fundamentales cuestiones:

    1º Decir de qué manera deberán vivir los colegiales del Collegium Hispaniorum y de qué forma debería ser administrado (Los "Estatutos del Colegio de España", quizás sean a clave mayor de su éxito imperecedero).

   2º Decir de qué manera deben habilitarse sus caudales, y como deben de actuar los albaceas testamentarios  (sus amigos y sus compañeros de toda su vida, de muchas de sus obras en España, en Avignon y en Italia, importante visión internacional desde la Baja Edad Media).

   3º Decir de qué manera deben seguirse sus indicaciones (que mientras está con vida, sigue personalmente y muy de cerca, en especial las obras de construcción del Collegium Hispaniorum, por uno de los mejores arquitectos de su tiempo, Mateo Gattapone di Gubio, dado que cuando fallece en Viterbo, el 23 de agosto de 1367, el edificio ya está terminado, tal cual yo lo habité,  más de 600 años después.) 

  ¿No les parece todo esto... digno de conmemorarse y de hacer estas modestas investigaciones y estudios?     

jueves, 15 de agosto de 2013
Texto íntegro del Testamento, traducido del latino, publicado con el siguiente título. (1).
“Eminentíiss ac reverendiss. D -   D. Aegidii Albornotii Cardinalis Totius Italiae Llegati - Archiepiscopi Toletani, ac Collegii Maioris – Hispaniarum Bononiae fundati Institutoris – Testamentum – Bononiae -  Typis ad signum ancore - MDCCCLV"

En el nombre de Dios, amen.

En el año de la Natividad del Señor 1364, en la segunda indicción a los 29 días del mes de Setiembre, en el segundo año del Pontificado del Santísimo Padre y señor nuestro, Urbano V, Papa por la divina Providencia y Clemencia, presentes, yo como notario y los testigos infrascritos, llamados y rogados especialmente para el caso; el Reverendísimo padre en Cristo y Señor D. Gil por la divina misericordia, Obispo de Sabina y Cardenal de la Santa Iglesia Romana, en el pleno uso de sus facultades físicas y espirituales y con licencia para testar, ordenar y dispone libremente de todos sus bienes, cualquiera que fuere su valor y cantidad, otorgada por el Papa Inocencio VIl, de feliz memoria, como se contiene en las letras apostólicas del mismo Pontífice, que son al tenor siguiente (1) (Va a continuación la licencia para otorgar testamento, fechada en Aviñón el año VII del pontificado de Inocencio VII en octubre y diversas clausulas testamentarias, la última de las cuales es la que sigue:)

TESTAMENTO fechado en Aviñón el año VI del pontificado de Inocencio VII en Octubre y diversas  cláusulas testamentarias, la última de las cuales es la que sigue:

«Ordeno que del resto de mis bienes se haga en la ciudad de Bolonia un colegio de escolares, en  lugar decente, á saber cerca de las Escuelas, y se construya hospedaje digno con huerta y patios y cámaras, y se edifique capilla decorosa y buena en honor de San Clemente mártir, y se adquieran  rentas suficientes para atender al mantenimiento de veinticuatro escolares, y de dos capellanes según ordenaré, queriendo que se llame a tal Casa o Colegio Casa española y a dicho colegio o casa instituyo heredero universal de todo mi dinero, vajillas libros de derecho canónico como civil de otras cualesquiera facultades y de todos los restantes bienes míos y de todas las cosas que pudiera debérseme ya por los administradores que administraren en mi nombre las iglesias de Toledo y Segovia, y sus herederos, ya por el Rey de Castilla y otros ocupadores de mis bienes patrimoniales y de todas la rentas de los beneficios que tengo y obtengo en los Reinos de Castilla y León ya por los que son y fueron mis procuradores en los reinos de Castilla, León, Francia y Aragón y de cuanto en general se me adeude por cualquier concepto, con excepción de lo que se me deba por el capello lo cual han hacer distribuir mis infra escritos los distribuidores a los pobres en Jesucristo en la ciudad de Aviñón.

Ítem quiero y ordeno que los arriba aludidos Fernando Álvarez, Abad de Valladolid, y Alfonso Fernández, camarero, tengan exclusivamente el encargo de construir y administrar la dicha casa –o colegio y capilla y comprar las posesiones y rentas para el mantenimiento de los dichos veinticuatro escolares y dos capellanes y mando a los mismos y les ruego cuanto puedo que después de mi muerte permanezcan en Bolonia al menos dos años consecutivos para cumplir lo ante dicho y les lego para gastos y trabajos, además de lo anterior seiscientos florines a cada uno y para todas y cada una de las cosa dichas que han de ajustarse según mi voluntad y disposiciones, constituyo y hago mis ejecutores dándoles y concediéndoles plaza y libre potestad para realizar y cumplir con mis bienes cuanto se contiene en este modo en mi testamento a los PP. en Cristo y Señores míos Nicolás por la Divina Providencia Obispo Tusculanense (Frascati) y Pedro vice-canciller de la Sede Apostólica, Presbítero de Santa Anastasia, y Pedro diacono de Santa María la Nueva, Cardenales de la Santa Iglesia Romana ya mencionados antes: y bajo ellos y a sus órdenes para cumplir lo que hay que hacer en Italia a los VV.PP. D. Enrique obispo Brixinense (de Brescia), Alfonso Obispo de Firman (Fermo, Marca de Ancona) y al noble soldado D. Gómez García, y Fernández Álvarez, abad de Valladolid, mis nietos y Alfonso Fernández mi camarero, de quienes se he hecho mención: y bajo de aquellos mis señores los Cardenales, para cumplir lo concerniente a España a los RR.PP. y señores Lobo, Arzobispo de Zaragoza y Gómez Arzobispo de Toledo, al dicho camarero mío y a Martín Fernández Obispo de Cuenca. Y aseguro que es esta y quiero que sea mi última voluntad, la cual deseo que valga a perpetuidad, por derecho de testamento, codicilo u otra manera de testar.

Y revoco todo otro testamento, codicilo y cualesquiera voluntades ultimas, establecidas, hechas u ordenadas por mi bajo cualquier forma y expresión de palabra aun si hubiere en ellas alguna clausula derogatoria que quiero que se tenga ahora por expresa y especialmente nombrada, derogándolas a ciencia cierta por el presente testamento o última voluntad y quiero que se tengan por derogadas y no insertas, requiriendo y rogando al notario público infrascrito que todas y cada una de las premisas haga uno, dos, tres y más y cuantos convengan Instrumentos públicos – Lo cual mandó y quiso que se sellara con su sello, lo que se verificó en Roca Papal, vulgo de San Cataldo de la ciudad de Ancona, en la cámara secreta de dicho señor Legado, en el año, indicción, día mes y pontificados dichos, presentes los RR.PP. en Cristo, Enrique Obispo de Brescia, Alfonso de Fermo, y Juan de Marmanno, Abad de San María de Sitria, de la Diócesis de Nursia (ciudad de los sabios en Italia) como también los muy VV varones don Juan, de Sena, licenciado en Derecho civil y Alfonso Fernández tesorero de la Iglesia de Toledo y Pedro Alfonso Archidiácono de Calatrava en la misma Iglesia de Toledo y Sancho Sánchez Canónigo de Segovia, testigos especialmente llamados y rogados al caso.

Y yo Fernando Gómez de Pastrana, clérigo, notario público apostólico de la Diócesis de Toledo y con autoridad Imperial estuve junto con los testigos nombrados presentes a todas y cada una de las cosas dichas mientras así las hizo el reverendísimo P. Cardenal D. Gil y así las escribí fielmente todas y cada una de propia mano y las publiqué y la sellé con mi sello acostumbrado. Rogado y requerido para dar testimonio de los dichos.

Y yo Enrique, Obispo de Brescia testigo susodicho firmé de propia mano en testimonio de lo que antecede – y yo Alfonso, Obispo de Fermo íd. - Y yo Juan de Sena, id. – Y yo Juan Abad de Santa María de Sirtria id. – Y yo Alfonso Fernández Tesorero de Toledo, camarero de dicho Legado id. –Y yo Pedro de Alfonso Archidiácono de Calatrava id. – Y yo Sancho Sánchez, canónigo de Segovia id. DEO GRATIAS”.


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