viernes, 31 de julio de 2020

El Embajador Eduardo de Zulueta muerto en la Paz de Dios.



  Es importante saber como hay hechos históricos en la vida de las personas, y en este caso, mi amigo del alma Eduardo Zulueta, tiene miles de miles, de las que voy a resumir solo unas cuantas, más cercanas y todavía mas vivas para mí, en los momentos que escribo estas modestas líneas en su recuerdo y en su HONOR....que bien se lo merece.

  1º-. Eduardo y yo, estuviéramos donde fuera, teníamos siempre una especie de contacto interior, espiritual y profundamente humano. Es algo que sigo sintiendo cuando él ya no está en esta tierra.

  2º.- Es más, nuestras maneras de intercambiar ideas, de recomendarnos libros, de hacer cosas juntos, siempre han sido, especialmente desde nuestra estancia de 5 años trabajando juntos en la Embajada cerca de la Sede, algo muy especial, permanente y lleno de amistad profunda, sincera y veraz.

  3º.- Pero lo mas serio que nos ha unido, siempre, ha sido esa manera de ver el mundo, de una forma limpia, correcta y sobretodo de conseguir - quizás lo esencial - de que todas las personas que estaban junto a nosotros, tuvieran la felicidad que nosotros les deseábamos profundamente.

  4º.- Pero la Paz que siempre ha tenido, transmitido y profundamente vivido, aun en sus casi cuatro años de desconocer la realidad exterior, le ha invadido hasta la medula, y se notaba desde fuera. Su sonrisa, sus maneras de moverse, su forma de mirar.....eran producto de una PAZ que no solo se vivía sino que se exteriorizaba a raudales.

  No quiero decir mas, solo que la ultima vez que le recuerdo, con mi perrita en su regazo, si mirada, su sonrisa, su porte y su comportamiento era sencillamente de un hombre que vivía en Paz, con Paz y que sabía transmitirla.

  ¿Digo bien mi querido Eduardo? 

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