miércoles, 11 de noviembre de 2020

El Covid-19 llega a su máximo y la política a su mínimo.

   Es un espectáculo como va, día a día, incrementándose las infecciones del Covid, que lleva ya millones y millones de fallecidos e infectados.

  Es un espectáculo como se está negociando, económica y políticamente con el Covid-19 y con su vacuna. Es una tristeza pero así es. Pero lo que ocurre es que la política ha perdido todo su prestigio de convivencia y solidaridad, para convertirse en un emporio de gestos, un conjunto de actitudes y una variedad de posiciones de puro y total enfrentamiento. Hay que ganar al otro, sea quien sea, esté donde esté y marche a la velocidad que haga.

  No quiero repetir algo que venimos diciendo reiteradamente, pero un tilde si que voy a mencionar, la política se ha degradado y se ha convertido en un basurero estéril inútil y en la retaguardia de la vida.

  Hemos perdido el concierto de emociones que han constituido siempre las "políticas salvadoras" por las "políticas perdedoras"

  ¿Se puede pedir más?

  Hay que saber cómo encaminarse hacia la cooperación, una de las palabras y conceptos más dignos que conocemos. No hay otra salida. Si no hay cooperación hay enfrentamiento, desencuentro y desunión. Nada puede perjudicar mas al Ser humano, que ya ni parece serlo.

  Las trabas que hoy se oponen a su mantenimiento, son tan semejantes a las que existen en el Planeta Tierra a su propia destrucción y aniquilación total.

  Las políticas no están en sus mínimos, están realmente en sus máximos de enfrentamiento y de invalidez total. ¡¡¡No sirven para nada!!!

  No digo mas, es una situación mas que trágica, dramática e incontestablemente destructora de vida.

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