lunes, 20 de febrero de 2012

Análisis del contenido del Primer Manifiesto a los Españoles de la Junta Suprema Gubernativa Central, Presidida, por el Serenísimo Señor Conde de Floridablanca


Este Manifiesto, el primero que redacta la Junta, el 26 de octubre de 1808, debe ser analizado con mucho detenimiento, pues contiene todos los gérmenes de las Primeras Cortes de Cadiz, y en cuyo texto puede observarse los siguientes extremos, muy dignos de ser tenidos en cuenta:

         1º Justificación de la situación en España, como consecuencia de la Revolución en Francia. El texto del Primer Manifiesto y en su segundo párrafo dice lo siguiente:

         "Una tiranía de veinte años, ejercida por las manos más ineptas que jamas se conocieron, había puesto á nuestra patria en la orilla del precipicio. El opresor de la Europa vió ya llegado el momento de arrojarse sobre una presa que tanto tiempo há codiciaba, y de añadir el floron más brillante y rico á su ensangrentada corona. Todo, al parecer, halagaba su esperanza: la nación desunída de su gobierno por ódio y por desprecios; la familia real dividida; el suspirado heredero al trono acusado, calumniado, y si fuera posible, envilecido; la fuerza pública dispersa y desorganizada; apurados los recursos; las tropas francesas introducidas ya en el reino y apoderadas de las plazas fuertes de la frontera; en fin, sesenta mil hombres prontos á entrar en la capital, para desde allí dar la ley á toda la monarquía".

         Está claro que las referencias de los veinte años, no son mas que a los hechos iniciales de la Revolución Francesa y está claro igualmente que "la familia real estaba dividida" recuérdese que son varios los motines de aquellas épocas, y las referencias al heredero de la corona son muy claras "y si fuera posible hasta envilecido". No puede decirse mas, respecto a las fuerzas del Estado y de sus recursos. Se afirma con meridiana claridad, la presencia de las fuerzas francesa ya introducidas en el reino y los contingentes en la capital, dispuestos a regir la monarquía de José I.

         Es un clara, nítida y precisa descripción de la situación en aquellos años de 1808

         2º A continuación es cuando el Manifiesto describe que "sacudiendo, en este momento critico, de repente el letargo en que yaciaís, precipitasteis al favorito de la cumbre del poder que usurpaba, y visteis en el trono al príncipe que idolatrabais" y continua que "Una alevosía, la mas abominable que se conoce en los fastos de la perversidad humana, os privó de vuestro inocente rey; y el atentado de Bayona y la tiranía francesa se anunciaron a España con cañonazos del dos de Mayo en Madrid".

         No hay que olvidar que este Manifiesto está escrito en momentos de gran turbación en las mentes de los responsables de la paz y la seguridad de España. Son personas, muy motivadas que sencillamente entre todas ellas, van creando lo que se llama "un ambiente y un estado de espíritu", que fue muy sencilla, pero muy profundamente, el sentir del "pueblo" que en propia defensa fue creando el concepto de la soberanía popular, que tuvo su arraigo y su asentamiento mas profundo en un pueblo que fue el que fue creando, poco a poco, el concepto tan moderno de que él, y solo él es el que detenta la soberanía.

         En unos pocos años, y lo veremos ahora después en el texto de este Primer Manifiesto se comienza a plasmar, tímida pero firmemente cuando se dice, en el cuarto y en el quinto párrafo que "Las provincias de España, indignadas, con un movimiento súbito y solemne se alzaron contra los agresores, y juraron perecer primero que someterse a tan ignominiosa tiranía. La Europa atónita oyo casi al mismo tiempo el agravio y la venganza, y una nación que pocos meses antes apenas tenía en ella representación de potencia, se hizo de repente el objeto del interés y de la admiración del universo. 

         Estamos ante una redacción tan condensada, tan perfectamente expresiva, que no hay que dudar un momento que es el propio Presidente de la Junta el que propone el texto para su aprobación definitiva.

         Pero hay un párrafo, el quinto, que vamos a transcribir en donde se percibe un concepto muy claro de "el poder y la insurrección consecuente está en el pueblo". Veámoslo: El caso es único en los anales de la historia, imprevisto en nuestras leyes (ALGO NUEVO, sin duda) y casi ajeno a nuestras costumbres. Era preciso dar una dirección a la fuerza pública, que correspondiese a la voluntad y a los sacrificios del pueblo, y esta necesidad creó las juntas supremas en las provincias que resumieron en si toda la autoridad, para alejar el peligro, repeliendo al enemigo, y para conservar la tranquilidad interior. Cuales hayan sido sus esfuerzos, cual el desempeño del encargo que les confirió el pueblo.

         Sin tener que variar mucho el fondo del escrito, queda muy de relieve y reiteradamente que es el pueblo el que tiene el poder de "insurrecionarse" sin esperar ordenes de las "autoridades" y es el mismo pueblo, tantas veces citado en este Primer e importante Memorial, el que va conduciendo a un concepto   que no solo se va a plasmar en las Cortes siguientes y muy cercanas, y sin duda en la admisión e instauración de la Soberanía nacional, que se escribe muy nítidamente en la siguiente Constitución de Cádiz de 1812

         Hay que reflexionar muy intensamente de la importante y transcendental evolución del pensamiento del Jefe de la Suprema Junta de Estado, y ahora el Presidente de la Suprema Junta Gubernativa del Reino, estoy seguro y no lo pongo en duda, como consecuencia de sus largos años, de reflexión, de silencio, de comportamiento enormemente transcendente, desde sus celdas franciscanas, cuando llega a vivir en los primeros meses de su "destierro dorado" al Plano de San Francisco, como en la que se hizo construir en su propia Casa/Palacio, porque nunca podría olvidar ese profundo amor y devoción a la Orden Franciscana compendio de humanidad, amor al prójimo y especialmente a la naturaleza, que tan exhuberantemente bella y plácida era la que rodeaba ese maravilloso Rio Segura, con sus abrevaderos para la Mesta, que pasaba por el Arco de su Casa/palacio y de aquellos amaneceres y atardeceres, tan propios para la reflexión y el pensamiento progresivo, como lo fue teniendo siempre el Conde de Floridablanca en aquellas huertas y huertos de las feraces tierras de aquella Murcia de fines del Siglo XVIII e inicios del XIX 

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