No era ayer, es hoy, la entrada del Verano pero antes de analizar a los dos últimos Rectores añado un historia anónima que no deja de tener su "miga".


   Anoche, como hago todos los sábados, me dediqué a romper papeles inutiles que se acumulan en mi despacho madrileño, y el último, literal y verazmente el último, que reproduzco a continuación, es una especie de relato/historia/narración o Cuento anónimo, carente también de firma, que transcribo antes de proceder, como había prometido en mi post de ayer, a describir los logros de José Guillermo García Valdecasas y posteriormente de Evelio Verdera, los dos últimos Rectores de la "Domus Hispanica".

   He aquí el relato/historia/narración o mejor Cuento anónimo, carente no solo de firma sino también de fecha.

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   Ataradecer de otoño en Bolonia, cuando - y donde - ya se sabe que los días menguan pronto. Nuestro Rector en funciones está solo en su despacho "de la casa de su señor don Gil" (supóngase la preceptiva cabezada al recordarlo), tormándose el acostumbrado (y por lo demás legítimo) whisky de la tarde-noche. Y en esto, se le representa una escena de una novela que ha leído, el Doktor Faustus de Thomas Mann: al igual que el genial músico Adrian Lverkuhn, se da cuenta de que no está solo en la estancia. Pero en su caso no es Mefistófeles, el mismísimo Satanás, el que frente a él está arrellanado en su sofá y apenas iluminado por la luz de la lámpara de mesa del despacho; no, es nuestro benemérito Cardenal Albornoz, que ha obtenido en el más allá un breve permiso por asuntos propios, para venir a avisarlo y alertarlo de la manada de lobos que acecha a su querida grex Aegidiana, por cuyo bienestar material y espiritual él tiene la obligación de velar.

   Sin descomponer la voz ni el gesto, el Cardenal alecciona a nuestro Rector en funciones sobre los peligros que amenazan a la casa. Luego, cuando su señor don Gil ya se ha vuelto a su escaño celestial (ganado, al parecer, tras un breve paso por el Purgatorio, gracias a que su abogado y protector san Clemente dejó claro que los muertos caídos en sus campañas eran o un mal menor o bien daños colaterales que ocurren en toda guerra), nuestro Rector en funciones medita sobre los consejos que de él ha recibido: dado que se trata de una grey, cosa pastoril, procede a emitir una pastoral, aunque a la parte del rebaño destinataria de la misma, por si acaso, la honrará llamandola "la espontanea centuria", no se sabe si sucedáneo de "la alegre muchachada" o menguada reminiscencia de los famosos trescientos de las Termópilas.

   Empuñada la péñola y puesto a la tarea, nuestro Rector en funciones quiere, ante todo, pergeñar una épica crónica de las sucesivas usurpaciones o intentos de tales que nuestro viejo Colegio ha sufrido, y se inscribe en la nómina de heroicos defensores de sus derechos. Y como se sabe que la valía del enemigo realza la propia, aunque sea a toro pasado, se echa a la cara al mismísimo Bonaparte. Les da luego un repaso a otros usurpadores de menor cuantía o simples rateros, hasta llegar a los actuales y más peligrosos: los que, al parecer, somos los chicos malos del Colegio (en todos los hay), dispuestos a llevar de nuevo a nuestra casa a sus peores tiempos, de los que lo rescató el benemerito duque don Joaquín, ayudado por el cojo Romanones, político marrullero pero colegial agradecido, según reza la dedicatoria de su fotografía de la cámara regia del Colegio. La piedra de toque con la que nuestro Rector en funciones nos identifica a los colegiales díscolos es la de la conformidad o disconformidad con la idea de que sea él quien designe al nuevo Rector de nuestra casa, entendiendo que ha de prolongarse la aureas aetas que su rectorado inaguró. Naturalmente - y siempre según nuestro Rector en funciones - las ovejas negras de la grex Albornotiana estamos al servicio de las consabidas fuerzas del mal; al parecer, las de los poderes del Estado, Gobierno o Reino de España, empeñadas desde hace siglos en usurpar el dominio y gobierno de nuestro Colegio; empeño especialmenmte censurable en los varios monarcas que lo han apoyado, contraviniendo el regio patronazgo que el César Carlos nos otrogó cuando su imperial coronación en Bolonia, y que aún no hace mucho renovó personalmente y en el propio Colegio S.M. don Juan Carlos I, a solicitud de nuestro Rector en funciones, que para la ocasión sacó del arca los mejores paños y ropones y de las alacenas de la sacristía los incensarios de plata de los grandes fastos (allí estaba la florinata de la entrañable nobilità nera de Bolonia, incontaminada por las oportunistas mercedes de los Saboyas - usurpadores por antonomasia; y tal vez los hijos o nietos de aquella anciana señora que, ya en nuestros tiempos, al evocar la figura del Rector Carrasco decía: "¡Un vero gentiluomo!"; algo para echar de menos a don Fabrizio, el inolvidable Gattopardo, aunque su nobleza le proviniera del Reino de las Dos Sicilias).

   El caso es que nuestro Rector en funciones ya no parece fiarse ni del Rey como máximo protector de nuestra institución, de sus derechos, inmunidades y patrimonio (tal vez teme verse borboneado como Silvela, Maura, y Primo de Rivera); sino que ve agazapada tras su augusta imagen la tan siniestra de Mendizábal y sus codiciosos desamortizadores, ansiosos de poner en producción los pingües (para ellos de manos muertas) de los que don Gil nos instituyó herederos.

   Ante tal situación, nuestro Rector en funciones encuentra una manera de atajar la dicha y rampante usurpación sin quedar demasiado mal con la Corona: tras movilizar a sus canonistas de cámara, averigua que nuestro Colegio es y sigue siendo una fundación eclesiástica, sometida a - y amparada por - las leyes canónicas e inmune a la jurisdicción ordinaria de la España del siglo XXI. Naturalmente, nadie se toma en serio ese hallazgo; pero su proclamación como hecho y derecho consumado en la propia web de nuestro Colegio reviste gravedad, pues nos revela, y con tiempo, los derroteros por los que todo esto puede marchar en el futuro.....

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    Hasta aquí este anónimo escrito que reproduzco, al pie de la letra y tal cual lo he enocntrado, y que lo hago especialmente por la excelencia de la gramática y la oportunidad de su encuentro anoche entre mis papeles perdidos, cuando en mis usuales "actividades de sábado" ponía en orden mis papelajos que materialmente inundan el pequeño espacio de que dispongo. Al haberme yo trastocado situando ayer la entrada del verano, rectifico hoy, quizás con el deseo de publicar esta Nota anónima, precisamente a las 18:26 hora exacta en la que se produce el Solsticio de verano y como Introducción General a los comentarios que por separado, y en los dos posts siguientes tenía y sigo teniendo el deseo de hacer de los dos últimos Rectores del Real Colegio Albornociano de San Clemente de los españoles en Bolonia, con don Luis Guillermo García Valdecasas y Andrada Vanderwilde, y don Evelio Verdera y Tuells, muy queridos, respetados y dignos sucesores del primero de los Rectores Álvaro Martínez quien ya estaba en el Colegio en diciembre de 1368 para recibir a los primeros colegiales y quien entrega los poderes a su segundo Rector, Sancho de Mondragón, el 1º de mayo de 1369, como prescribían los primeros Estatutos y que en la p. 20 del Vol. I. de las Proles Aegidiana, publicado por Antonio Pérez Crespo, en Bolonia en 1979, se afirma, en la Nota (25) que "Según el estatuto 21 el Rector era elegido por sufragio directo de todos los colegiales, el día 1º de mayo" como se prescribe literalmente en el citado Estatuto vigesimo primero, de los corregidos y reformados Estatutos, de acuerdo con la calidad de los tiempos y las exigencias de las personas" (como tantas veces hemos citado en posts anteriores). Muy en concreto, para terminar con estos datos reales, la inventiva del Cuento anterior, justo al inicio del citado Estatuto vigesimo primero, de los aprobados por el Papa Gregorio XI, el 24 de noviembre de 1377 se dice textualmente, en su original en latín lo siguiente: "Item ordinamus et statuimus quod rector debeat eligi in Kalendis May sic quod dicta die omnes et singuli de dicto collegio qui Bononie presentes tunc temporis erunt, in mane post missam que dicitur in aurora in unum, sub pena periurii, debeant conuenire".

   Mañana sin falta continuamos, con unos breves comentarios, sobre los dos últimos Rectores de la "Domus Hispanica".

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