jueves, 22 de abril de 2021

Continuo la Introducción a la "Nueva época: donde estamos y qué hacemos." (X)

 

 El Pacto de Solidaridad Global.

 En la tentativa de comprender la realidad internacional en el marco de "no limits to learning", observemos las ventajas e inconvenientes de nuestra sociedad, sabiendo que el tema exige una elaboración mucho más importante (¿en este Laboratorio?) de parte de las personas que no solo tienen raíces diversas, sino que igualmente poseen una aproximación profesional e ideológica distintas de las mías.

 Parece que nuestra sociedad exige re-pensamientos urgentes, para los cuales es indispensable un alto grado de voluntad y de desarrollo, no solo político sino filosófico e ideológico, por parte del poder y de los pueblos; solo así podrá difundirse la "idea clave" lanzada, lo repito, por Tévoédjeré (en el año 1976 tan lejano y tan cercano) y que podría, según una mentalidad difusa, acabar en la utopía. Se trata de un verdadero y propio "contrato de solidaridad" que deberá tomar el puesto al "contrato social" existente; ya entonces el autor se preocupaba de tratar de delinear el modo de distinguirlo de los "falsos contratos de solidaridad" observándolo "primero, durante y luego su ejecución". Los años transcurridos - entonces 6 y ahora 45 - demuestran dos cosas: ante todo, que los problemas han aumentado en numero y los que ya existían se han agravado (solo pensar en temas tan diversos como el desempleo, el rearme nuclear, la crisis palestina, la degradación de los ecosistemas o el desequilibrio internacional de los mercados de capitales); en segundo lugar, la necesidad de trabajar, con todos los medios posibles, para alcanzar un pacto general, un "contrato de solidaridad" que se traduzca en un consenso generalizado -al que podremos estar mas cercanos de lo que creemos- sobre la necesidad de adoptar políticas y planes globales sobre algunos temas "cruciales" en los que trabajan todas nuestras sociedades (crecimiento indiscriminado de la población, planificación de los recursos a largo plazo, lucha contra el degradación de la biosfera). Si este consentimiento, indispensable desde cualquier punto de vista, no pudiera ser logrado en un tiempo razonable, pero no muy largo, será necesario adoptar una aproximación tangencial al problema, disfrutando de la posibilidad ofrecida por aquellas potencias regionales que, por motivos geográficos, histórico-culturales, económicos o de otra naturaleza, presentan un mayor grado de cohesión: el juego de los 160 estados-soberanos podría ser mas flexible y menos difícil ideológicamente. A este efecto, existen sabios trabajos, sean teóricos que experimentales, que hacen de esta opción una esperanza no tan cercana a la utopía como se podía pensar cuando se publicó el libro de Tévoédjré en 1978.

 Los obstáculos y las dificultades son, todavía, enormes y muy complejos: trataré de describir algunos. En el próximo Apartado trataré de describir algunos a su favor, sobre los cuales hay muchas esperanzas y no pocas realizaciones concretas. Pero veamos ahora, los argumentos contrarios a este eventual "pacto de solidaridad global" o "contrato de solidaridad" a escala internacional.

 1. Desde el punto de vista interior en el sistema actual del estado-nación, a lo largo de este decenio, se observa no solo una radiación hacia postulados de soberanía nacidos al fin del Siglo XVIII, sino igualmente una argumentación importante de minorías, además muy nacionalistas (eritreos, corsos, armenios, vascos y muchos otros) comprometidos en una defensa a ultranza de las micro-subdivisiones de muchos de los 160 Estados soberanos, mal o bien gobernados, que étnica, religiosas o transnacionales, como los gitanos y otros grupos racionalmente discriminados que reclaman otro género de micro-subdivisiones de los Estados soberanos. Es un hecho que hay que admitir, si se desea ser realista.

 2. Desde otro punto de vista, los Estados que han obtenido recientemente la independencia como consecuencia de un proceso de descolonización, aún con la distribución artificial de los territorios que han debido seguir, están evidentemente hoy muy próximos (más las élites dominantes que los pueblos en su conjunto)  a los dos últimos signos distintivos de la Soberanía: la bandera nacional y la unidad territorial. Por otra parte, ¡No sería necesario que les faltara en base a un Pacto de solidaridad hipotético! Dado que no es el momento para defender las tesis en su favor, querría solamente decir, para estimular la reflexión del lector, que es muy triste de tener que defender los símbolos que representan solo los niveles de miseria que pueden definirse, en muchos casos, como infra-humanos. En todo caso es cierto que, la mayoría de los Estados africanos, muchos Estados asiáticos, y de ciertos latino-americanos, consideran como un enorme reto y una gran desconfianza el tipo de limitaciones impuestas por el "contrato de solidaridad", y hay que admitir que esto es lógico, en una cierta medida.

 3. Todavía y de otra parte se sostiene que este tipo de pactos, implícitos o explícitos, existe de hecho ya con el proceso de Bandung en 1954 que se ha desarrollado después como el Grupo de los 77, formado hoy en día por casi 122 países no alineados. Convendría precisar si ese no-alineamiento se dirige a proyectos de desarrollo o a postulados ideológicos, que en una cierta medida, coinciden con el sub-desarrollo. ¿Los Estados tradicionalmente creadores del "Contrato social" no faltan, precisamente, en este grupo? ¿Con la existencia justamente de este Grupo de los no-alienados, no se demuestra la quiebra de un eventual "Contrato de solidaridad"? Hay que reconocer que el bloque de los países socialistas, o con una economía planificada, parecen haberse lanzado sobre el tema del desarrollo a escala global porque, no habiendo participado en el proceso de colonización, no se consideran responsables de sus terribles consecuencias. En todo caso, esos Estados mantienen relaciones, a veces importantes, en el terreno de la cooperación bilateral para el desarrollo, aunque frecuentemente por sus connotaciones imperialistas e ideológicas. De todos modos es curioso que una sociedad como las socialistas, planificada por definición, austera en sus consecuciones y comprometidas en una reeducación cultural profunda (pudiendo representar desde un cierto punto de vista, una intuición de un aprendizaje innovador) se nieguen a considerar su conciencia avanzada de la realidad como el resultado del dialogo, de la cooperación y dela empatía - según la metodología que indicamos al principio - lo que, sin duda, hunde sus logros de forma espectacular. Estas sociedades monolíticas se transforman, en un cierto sentido, en elementos de regresión propios de los principios que han querido defender, como los valores de clase y sobretodo de la clase obrera en especial. Para justificar esta corta digresión, sería suficiente citar la situación actual del sindicato polaco "Solidarnosc" con sus consecuencias muy previsibles que podrían derivarse, a corto plazo.

El hecho de mezclar por ello, les elementos ideológicos con los ligados estrechamente al desarrollo y a las consecuencias del proceso de descolonización, representarían otro factor negativo, importante.

4. Pero todo ello no cubre completamente los argumentos contrarios al urgente y necesario "contrato de solidaridad" que debe ser formulado en base a un acuerdo de todos los humanos, a escala universal. Como se ha demostrado en las recientes negociaciones globales cono el bloqueo del dialogo "Norte Sur" la oposición mas importante, no está solo representada por las minorías de los países que han obtenido recientemente sus independencias o por los Estados socialistas, sino por los mismos creadores del "contrato social" en vigor, con sus complejos sistemas económicos, repletos de proteccionismo, de discriminatorias tarifas aduaneras y de barreras defensivas.

La posición de Países en vías de desarrollo (Ldc) es, en un cierto sentido, obstinada y y difícil como aquella de los Países avanzados (Ais). La diferencia esencial afecta a las condiciones de la población. En las (Ais) sociedades avanzadas, el pueblo resiente más intensa y ampliamente, la necesidad de proceder a "ciertas reformas" del orden constituido, interior e internacional. Parece como si estuvieran mas preocupados y directamente interesados en cambiar lo que limita o impide su bien-estar. Aunque solo fuera por su natural egoísmo, qeu estaría dispuesto a aceptar cambios o concesiones al orden existente y hasta a luchar por él. El hecho de que Poder lo admita, es otro cantar. En nuestra época, lo que parece extraordinariamente difícil es pensar en una transformación inmediata y a una apertura en dirección a un necesario "consenso" para instaurar el "contrato de solidaridad". Pero en los países en Vías de Desarrollo (Ldc) la oposición a este concepto representa un patrimonio exclusivo de las elites constituidas en el Poder: el pueblo está desarmado, empobrecido por niveles mínimos de alimentos, sanidad, vivienda y cultura al menos con un "nivel de humanidad". Pero esta situación tiene unos límites y un día u otro este precario equilibrio (por llamarlo de algún modo) podría ser alterado, y esas masas enormes, no ya tan anónimas, podrían tener una reacción imprevisible (2021 y el Siglo XXI) al "orden" constituido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario